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Crisis sobre crisis y un miedo: todo puede ir a peor

Grecia es lugar de llegada y tránsito para decenas de miles de refugiados. Una situación de necesidad que se añade a la crisis humanitaria que ya de por sí sufre la población helena. El progresivo cierre de fronteras europeo se ha convertido en su gran amenaza.


Tratamos la crisis pero somos incapaces de resolverla. Y lo peor está por venir. Si cierran todas las fronteras europeas, ¿qué va a ocurrir en Grecia?» El doctor Nikitas Kanakis es el presidente de la delegación griega de Médicos del Mundo. Llega con dos compañeras al campo de refugiados de Eleonas, en las afueras de Atenas. Allí se acoge diariamente a decenas de refugiados que desembarcan del ferry procedente de las islas del mar Egeo. La mayoría de ellos son afganos, ya que los sirios e iraquíes prefieren no perder tiempo y agarran directamente el autobús que lleva hacia el norte. Atenas es lugar de paso y hace frente al tránsito continuo de asilados. Una situación de emergencia humanitaria que se suma a la grave crisis que padece la población helena. «Todo puede ir a peor», insiste el médico.

El progresivo candado impuesto en fronteras como Hungría o Croacia achica espacios al éxodo de exiliados. Al mismo tiempo, nada hace prever una disminución en el flujo de seres humanos desde Turquía, más allá de la esperada bajada estacional cuando el mar sea más peligroso en temporada invernal. Si todas las vías se cierran Grecia puede quedar como el gran país de acogida. El lugar donde los refugiados llegan pero del que no pueden salir porque nadie les permite acceder a otro lugar. De este modo, una realidad que necesita respuestas globales puede quedar en manos de un país que apenas tiene recursos para sostener a su propia población. Una «situación explosiva» a juicio de Kanakis, que remarca el valor del trabajo comunitario y la generosidad de cientos de voluntarios pero censura la ausencia de Bruselas o de las grandes agencias.

El Estado y los voluntarios

«La ONU habla mucho pero actúa poco. Como se trata de algo que está ocurriendo en Europa actúan como si los estados se pudiesen hacer cargo. Pero es evidente que no es así». El doctor de Médicos del Mundo, una de las pocas organizaciones a las que se ve sobre el terreno, pone en palabras lo que puede verse a simple vista en las empedradas costas del norte de Lesbos. Al contrario que en Jordania, Turquía o Líbano, la presencia internacional se reduce a la mínima expresión. Basta con acercarse a las zonas de llegada, a los lugares donde atracan las zodiac procedentes de Turquía, para comprobar que son los voluntarios, muchos de ellos locales y otros tantos foráneos (alemanes y noruegos, mayoritariamente), los que se hacen cargo de los primeros auxilios.

Al Estado le corresponden los trámites administrativos. Y, en este ámbito, Atenas se ha limitado a reforzar el número de funcionarios que registran a los recién llegados y sufragar parte de los ferrys extra para descongestionar las islas. También intentan gestionar los campos de refugiados, pero sus capacidades están muy lejos de lo que la situación requiere. No es poco. Porque no se puede olvidar que Syriza llegó al Gobierno en enero con una prioridad: desarrollar un programa de emergencia ante una población con graves carencias de empleo y garantías sociales. Cuando el Ejecutivo de Alexis Tsipras ni siquiera ha conseguido cubrir necesidades básicas de su población laminadas por los recortes de la austeridad, ahora lidia con una emergencia en doble sentido.

La sanidad es un ejemplo claro. Hoy en día el 30% de la población griega está excluida del sistema público de salud. Un ciudadano heleno es directamente expulsado si pasa un año sin encontrar empleo. En ese caso, solo puede recurrir a las clínicas comunitarias o a las ONG. Estas ahora también atienden a los refugiados, que además tienen una problemática propia. «Tratamos ambas situaciones de la misma manera. No podemos hacer distinciones», argumenta Kanakis. «Por suerte, los recién llegados suelen necesitar únicamente una atención básica: llegan cansados y con estrés, pero no con graves enfermedades», indica.

Sin noticias de la Unión Europea

«Obviamente hay una clara necesidad de medios y recursos tanto en Lesbos como en otras islas. Nosotros trabajamos desde hace años en Siria, Afganistán, Irak, Líbano o Jordania. La idea ahora es ver si se puede acompañar y dar unas condiciones más dignas a estas personas en este tránsito», afirma Chiara Saccardi, jefa del equipo de emergencia de Acción contra el Hambre desplazado al Egeo. Las islas son el primer paso. Pero hay más. En Atenas, por ejemplo, el número de refugiados se ha multiplicado en los últimos meses. En la plaza Victoria son decenas los que permanecen durmiendo al raso. Algunos, como Ahmad Shah, originario de la provincia de Wardak, al oeste de Afganistán, espera porque no tiene recursos para seguir adelante. Ni siquiera dispone de los 45 euros que cuesta el billete de autobús hacia el norte. «Espero que mis amigos puedan hacerme un ingreso desde Afganistán y continuar el camino», argumenta. Personas como él solo tienen dos alternativas: la calle o el campo de refugiados. Este, ubicado en las afueras, está formado por barracones prefabricados que se levantaron hace un mes. Según los tres policías que vigilan la entrada se financia a medias entre el Gobierno heleno y la Unión Europea, aunque los trabajadores son todos funcionarios griegos. En el Ejecutivo de Tsipras no dan detalles. A un día de unos comicios decisivos, la Administración en funciones se mantiene cauta.

«La situación es muy complicada. Nosotros estamos mal, pero entiendo que ellos están peor». Costas, empleado de una tienda de souvenirs en Mytilene, capital de Lesbos, simboliza el sentido común que se extiende entre la mayoría de griegos. Comprensión y solidaridad ante los que llegan y preocupación por el futuro. No se puede olvidar que, por motivos políticos, Europa fue terriblemente inflexible con Grecia hace apenas dos meses, cuando cerró el grifo como respuesta el referéndum. Ahora, aún consciente de que Atenas está con el agua al cuello, espera que solucione el problema mientras el resto de países mira hacia otro lado. Todo ello, con un tercer memorándum que obliga a mayores recortes a la espera de ser impuesto.

En clave interna, el «impasse» político griego ha permitido que el drama de los refugiados pase de puntillas por el debate público. Después de elecciones esto puede cambiar. En especial si el candado cronifica la posición de Atenas como «país contenedor», como lo define Errikos Finalis, del KOE (Organización Comunista de Grecia, escindido de Syriza). Uno de los grandes miedos es que el drama sea aprovechado por un fascismo en auge, ya que Amanecer Dorado podría convertirse mañana en tercera fuerza.

Aunque de la sensación que el gran público europeo lo haya descubierto ahora, el fenómeno migratorio a través de Grecia no es nuevo. La diferencia es que se ha visibilizado. Como resume Chiara Saccardi, «las soluciones deben ser no solo inmediatas sino duraderas y organizadas. Y afectan a los países de origen, de tránsito y de destino».

 

Tsipras rechaza una vuelta al pasado arropado por aliados europeos

Que Syriza siga al mando del Gobierno griego o volver a los tiempos de Nueva Democracia y Pasok. Este fue el principal mensaje lanzado por el primer ministro griego, Alexis Tsipras, en su intervención durante el mitin de cierre de campaña celebrado por la coalición de izquierdas en Atenas. El ambiente de la plaza era el símil perfecto de cómo llega la sociedad griega a estas elecciones, la tercera cita con las urnas en el último año. Syriza llenó Syntagma, pero no llegó a los números que congregó hace apenas dos meses durante el acto en el que se reclamaba el «No» a los planes de austeridad en el referéndum. «Hay que seguir con muchos ‘noes’», reivindicó el jefe del Ejecutivo heleno. «Un ‘no’ a la nueva oligarquía y a lo viejo», remarcó.

«Tracemos una línea que ponga fin a la corrupción del pasado y cambiemos Grecia en los próximos años. ¡El Gobierno de izquierdas no ha sido un pequeño paréntesis!», clamó el líder de Syriza en Syntagma. Uno de los grandes mensajes que lanza la formación de izquierdas es que su continuidad será acompañada por cambios en la Unión Europea. Y que esta modificación en la correlación de fuerzas pondrá fin a las políticas de austeridad que impone Alemania. Por eso la escenografía hizo especial hincapié en mostrar a Tsipras arropado por sus socios. Gregor Gysi, representante del partido alemán Die Linke, el secretario del Partido Comunista francés, Pierre Laurent, o Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, acompañaron a Tsipras desde el escenario. Este último citó a Salvador Allende, recordando que «la historia la hacen los pueblos» y mostrando su adhesión al primer ministro heleno en un momento complicado. «La esperanza sigue aquí», insistió Tsipras, en referencia al lema de campaña del pasado enero, en la que se impuso con el lema «la esperanza llega».

El primer ministro griego también tuvo proclamas antifascistas, alertando sobre el avance de Amanecer Dorado. Recordó a Pavlos Fissas, rapero comunista muerto hace dos años a manos de militantes de esta formación, lo que fue respondido desde la primera fila con consignas de «nazis a la horca». No se puede negar que el ambiente en Syntagma era más frío que hace dos meses. Es reflejo del agotamiento general de la población griega. Sin embargo, al margen del trazo grueso, Syriza se esfuerza en recordar avances a los que sus antecesores ni se acercaron. A.P.

 

Varoufakis apoya a unidad popular a 48 horas de las urnas

El exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis reapareció en campaña a 48 horas de la cita con las urnas para lanzar un dardo a su antiguo compañero en Syriza, Alexis Tsipras. El mismo día en el que el primer ministro heleno celebraba su mitin central en Atenas, una nota de prensa emitida por Varoufakis cargaba contra el actual Ejecutivo, acusándole de asumir la tesis de que «no hay alternativa» y anunciaba su intención «personal» de votar a Unidad Popular, la formación escindida de Syriza y que lidera el exministro de Industria Panagiotis Lafazanis. Para explicar su posición, el antiguo negociador con la Troika hizo referencia al tercer memorándum firmado tras su dimisión, que calificó como «inviable». En su nota, Varoufakis recuerda el «heroico» resultado del referéndum del 5 de julio que rechazó las medidas de austeridad y considera que los comicios de mañana tienen dos objetivos: anular los resultados de aquella consulta y «legalizar» lo que califica de «capitulación», en referencia al tercer rescate firmado entre el Gobierno griego y la Troika. A.P.