¿Puede el auzolan vertebrar un país? El caso de Tafalla y Arrankudiaga
El alcalde de Arrankudiaga en 1983, Txomin Egiluz, ha viajado a Tafalla a devolver una deuda solidaria que su pueblo contrajo hace 36 años. En agosto de aquel año el Nerbioi se desbocó e hizo trizas el pueblo, cebándose con las casas más cercanas a la orilla. Un autobús pareció cambiarlo todo.
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«Sí, aquello me tocó a mí», arranca Egiluz. Las inundaciones de agosto causaron estragos en toda la costa vasca, pero especialmente en el pequeño municipio que conforman Arrankudiaga y Zollo, que por poco no llegan a los mil habitantes. A Egiluz le tocó levantar un pueblo que había sido destrozado por el agua de un día para otro.
«Lo primero fue valorar los daños y, lo segundo, tratar de organizar un auzolan con voluntarios. En asambleas. Las carreteras, el saneamiento, la luz... todo estaba afectado. Y las casas del borde del río estaban totalmente destruidas», recuerda el exalcalde. «Todo el pueblo estaba implicado en los trabajos que arrancaron a la mañana siguiente. Los primeros días teníamos ánimo, pero al final de la semana... estábamos desfondados», sigue narrando.
Entonces llegó el autobús. Venía lleno de gente de Larraga, de Mendigorria, de Tafalla... calzados todos con botas katiuskas. «¡Lo bien que vinieron esas botas!», comenta Egiluz. Como equipaje, los viajeros del autobús traían azadas al hombro, carretillas, palas y medialunas. «Era gente jatorra, dura, que se puso a nuestra disposición para lo que quisiéramos. Entraron bien al auzolan, porque sabían bien qué era».
Fueron dos días de faena. De quitar barro de calles y casas, mientras se repartían velas y garrafas de agua limpia para que la gente pudiera tener luz y no contrajera enfermedades. La acción más llamativa de aquel auzolan fue la construcción de un puente provisional sobre el Nerbioi mediante troncos para sustituir al que se habían llevado las aguas.

(Trabajos de construcción del puente)
El hermanamiento entre los mil vecinos de Arrankudiaga y Zollo y estas localidades navarras fue muy fuerte los primeros años. Acudían los unos a las fiestas de los otros, pero el tiempo lo fue deslavando. Hasta que, una vez más, volvió a llover sin medida.
Las inundaciones de Tafalla, respuesta de país
La lluvia torrencial que afectó a Tafalla y las localidades cercanas (y que dejó un muerto al otro lado de la sierra de Izko, en el término de Gardalain) coincidió con los sanfermines de este año. El Zidakos, donde solo cubría hasta el tobillo el día anterior, tras la bestial tormenta, creció hasta sobrepasar los puentes anegando barrios enteros y arrastrando coches como si fueran ramitas de árbol.
«Los de Tafalla que fueron a Arrankudiaga se pasaron dos días bien duros de sacar escombro. Pero al final, acabaron agotados con la sonrisa del deber cumplido. Es la misma sonrisa que vimos nosotros aquí, cuando nos tocó a nosotros vivirlo, y terminamos el auzolan», afirma el alcalde de Tafalla, Jesús Arrizubieta.
Él, en 1983, no se montó en autobús. Pero sí que tomó parte del otro gesto solidario. La mayor fábrica de Tafalla es la vieja fundición de Luzuriaga (hoy, Fagor-Ederlan). Las imágenes de las inundaciones en pueblos que dan al Kantauri conmovieron a la plantilla y desde el comité de empresa (en el que estaba Arrizubieta) se decidió entregar un día del salario de todos los trabajadores a los afectados de Arrankudiaga.
Hoy, en el municipio vizcaino, se siguen conservando los registros donde se indica cuánto de ese dinero recibió cada vecino. «Está todo justificado. Son cosas de la que debe quedar constancia. Si a alguien se le dieron 48.000 pesetas para reconstruir la casa, el documeto lo tenemos», detalla Txutxi Ariznabarreta, actual alcalde de Arrankudiaga.

(Recibo por el total de dinero enviado por los trabajadores de Luzuriaga)
La visita de la delegación vizcaina a Tafalla hoy venía a formalizar la entrega de un pequeño cheque. La totalidad de la partida prevista para ayuda humanitaria se va a destinar este año a colaborar con los damnificados de Tafalla. La votación en el pleno de Arrankudiaga fue unánime, por eso además de Ariznabarreta y Egiluz han acudido al acto representantes municipales de la otra formación con presencia en el Ayuntamiento, el PNV, Josu Beaskoetxea e Izaskun Barrenetxea.
Reivindicación ante la FNMC, Eudel y Udalbiltza
La de aquel año fue una ayuda inesperada, comenta Ariznabarreta. «Llegó de tierras lejanas, del mismo corazón de Euskal Herria». El alcalde de Arrankudiaga, además de entregar los 5.400 euros que habían guardado para ayuda humanitaria, ha hecho una manifestación de carácter político. Ha tomado el compromiso de defender en Eudel y Udalbiltza la necesidad de consignar un fondo de ayuda recíproca en todos los pueblos para casos de emergencia o catástrofe natural.

(Los alcaldes de Arrankudiaga, Tafalla y el tte. de alcalde de Azpeitia)
La iniciativa de defender esto en los principales foros de municipios de Nafarroa y la CAV (el alcalde de Tafalla también avanzó la defensa de esta idea ante la FNMC, así como la consignación dentro de los Presupuestos propios del año próximo de una partida económica para estas emergencias) también recibió el respaldo del Ayuntamiento de Azpeitia. Aitor Bereziartua, teniente de alcalde de esta localidad, otra de las que se vieron afectadas por las inundaciones de 1983 y que se ha volcado de forma decidida con Tafalla, defiende la urgencia de activar un mecanismo así.
«El Ayuntamiento es la institución que más cerca está del auzolan», subraya Bereziartua. «La ayuda tiene que ser recíproca y hemos de saber que el día de mañana quizá te toque a ti. Sería muy positivo explicitar esta ayuda en los Presupuestos de todos», sostiene.
La solidaridad dibuja un mapa que, dicen, no existe
La lista de municipios que han colaborado con ayudas a Tafalla y la gente damnificada por las riadas no está cerrado del todo. Son más de un centenar. Los montantes económicos que han aprobado estos ayuntamientos van de los 100 euros hasta los 10.000 euros de Iruñea (donde NA+ se abstuvo). Destaca, entre los guipuzcoanos, la solidaridad de Zumaia y la de Azpeitia. Y, por su simbolismo, el gesto de los habitantes de Arakaldo en Bizkaia, que envían 300 euros, dos por persona.
(Fachada del ayuntamiento de Baigorri, que respondió a la llamada de ayuda).
El mapa que dibuja la solidaridad con Tafalla (la búsqueda de implicación aún no se ha cerrado) es el de una Euskal Herria donde se notan las fronteras y la división, pues la solidaridad es más marcada dentro de la propia Nafarroa y casi ausente en Araba, pero donde al menos ha habido activación de todos los herrialdes. En contraposición, no ha llegado ayuda de ningún otro municipio del Estado. Y también hay ausencias clamorosas en el listado de pueblos que han enviado ayuda. La abstención de NA+ en Iruñea se convierte en un desentendimiento absoluto de Tutera, que ha vuelto a manos de la derecha, y prefirió no colaborar.