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Terror sobre rituales judíos ortodoxos

THE VIGIL
EEUU. 2019. 89’  Dir. y guion: Keith Thomas. Prod.: Jason Blum, Adam Margules, Raphael Margules y J.D. Lifshitz/ Blumhouse. Int.: Dave Davis, Menashe Lustig, Fred Malamed, Lynn Cohen, Mlaky Goldman, Ronald Cohen, Nati Rabinowitz, Moshe Lobel, Efraim Miller, Lea Kalisch. Fot.: Zach Kuperstein. Mús.: Michael Yezerski. Mont.: Brett W. Bachman. Dis. Prod.: Liz Toonkel. Vest.: Nicole Rauscher.

Yakov (Dave Davis) recibe un encargo de su rabino (Menashe Lustig). (NAIZ)

La ópera prima de Keith Thomas, que antes solo había dirigido el cortometraje terrorífico ‘Arkane’ (2017), fue seleccionada para la sesión de Clausura de la 52ª edición del festival de Sitges.

Aunque este realizador no era conocido, llegaba respaldado por el productor Jason Blum, que como es sabido a través de su compañía Blumhouse suele brindar oportunidades a muchos debutantes, dentro de su política de producir películas de terror de bajo presupuesto que siempre acaban siendo rentables. ‘The Vigil’ (2019) hace honor al trabajo de un debutante, que más allá de los buenos o malos resultados que dicta la inexperiencia, al menos pretende ser original y arriesgar en el subgénero de los dramas claustrofóbicos rodados en interiores de una casa siniestra.

‘The Vigil’ (2019 se mueve en el contexto poco explotado del terror sobre rituales judíos ortodoxos, con un guion del propio Keith Thomas basado en la figura del ‘shomer’, que es una especie de vigilante nocturno que vela el cadáver de un recién fallecido de la comunidad judía hasta su enterramiento.

El protagonista de la historia es un chico no practicante, pero que acepta el encargo de su antiguo rabino a cambio de una paga que le vendrá bien para salir de apuros económicos.

Durante la noche en vela se enfrentará a los fantasmas de la casa del finado y a sus propios traumas. La viuda que habita la planta superior sufre Alzheimer, mientras que en la baja reposa su difunto marido junto al vigilante, quien en medio de la oscuridad sepulcral solamente dispone de la luz de su teléfono móvil, que le permite estar en contacto con su chica.

El inmueble está localizado en Boro Park, el barrio judío de Brooklyn en el que se habla más hebreo que inglés. La atmósfera visual inquietante está muy conseguida, pero la novatada viene por el lado de una banda sonora que abusa de los golpes de efecto a todo volumen.