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DE REOJO

Tomatada


De los desprendimientos de nobleza y categoría que está sufriendo el periodismo en general, quizás uno de los más demoledores para que los estudiantes de cualquier facultad se desmotiven es la entrada en el apartado de reportero de Alberto Chicote, ese tipo que ha logrado hacerse con un hueco en la vida televisiva que quizás no se corresponde con sus valores profesionales, sino con su físico, es decir un tipo regordete que dice tacos, que parece uno de los nuestros y que si acaso no tiene mucha simpatía, ha caído simpático al ciudadano medio, cosa bastante importante al igual que su capacidad de amoldarse sin rechistar a cualquier circunstancia que manden el guion y el sueldo.

Nos ha ofrecido La Sexta una doble entrega de un reportaje titulado “El precio de los alimentos”, que tenía buena voluntad. Su equipo de redactores buscaron los puntos más atractivos para la población en general, pero eran bastante pobres, parciales, muy tendenciosos y con una falta de rigor bastante detectable para cualquier lego, ya no le digo para los afectados, como es decir que dos personas son los que deciden qué café tomamos, porque esos dos individuos, asesorarán a una parte de la industria local, pero el precio se pone en un despacho de la «city» inglesa y ahí está la verdad. Lo otro es espectáculo televisivo muy mal armado y con datos muy poco o nada fiables.

Pero los agricultores almerienses se han molestado de manera ruidosa por un reportaje muy bonito, muy espectacular sobre los tomates que comemos que, según Chicote y su equipo, son todos fabricados en Holanda. No dudamos de que existan esas factorías, que los holandeses controlan gran parte de la producción de frutas y hortalizas bajo los invernaderos, que están detrás de muchas marcas, pero no todo. Hay más opciones.