APR. 17 2015 IKUSMIRA Maestro de caminantes utópicos Ruben Pascual Periodista Un torbellino de ideas asaltó mi cabeza cuando me enteré de que nos habías dejado, Eduardo Galeano (permíteme que te tutee). Pasajes de tus libros, recuerdos y lecciones ancladas en mi memoria que, como un resorte, comenzaron a brincar en algarabía. Demasiadas sensaciones para resumir en los apenas 1.500 caracteres de esta columna. Puede que esto sea una pequeña muestra de que, como decías, somos seres sentipensantes. Contaba el también recién fallecido Xavier Vinader que un bolígrafo puede ser un arma para cambiar un país. Y tú nos diste buen ejemplo de ello. Tu pluma, incisiva como un fino florete, alzó siempre la voz para poner cara, nombres y apellidos a los desposeídos. A los nadies. Y también a los responsables de la miseria, de este sistema capitalista, depredador de gentes y pueblos, que sigue sembrando el mundo de injusticias. Gracias a que, salvo en horas nocturnas, nunca cumpliste el sueño de –como buen uruguayo– ser futbolista, quienes te seguimos tuvimos la fortuna de disfrutar de esas pequeñas historias que nos contaste y que nos han ayudado a ir conformando aquello que somos. Asistimos al despertar de la nueva América Latina, nos ayudaste a comprender mejor la diferencia entre caridad y solidaridad y nos trasladaste mil y un ejemplos de la digna rabia, de la importancia de levantarse después de cada caída y seguir caminando con la cabeza erguida. Como tú mismo nos enseñaste, «al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos». Y en eso estamos, maestro. En eso estamos.