MAY. 23 2015 LA UNIÓN EUROPEA BUSCA DEFINIR SU PAPEL EN EL ESTE DE EUROPA La Asociación Oriental, un programa mediante el cual la UE busca ampliar su influencia en la región, ha celebrado una nueva reunión en Riga. Esta edición ha estado marcada por la crisis ucraniana y la ausencia de una postura común sobre la estrategia a seguir. Pablo GONZÁLEZ La dificultad de encontrar una postura común entre los países de la Unión Europea (UE) y la ausencia de progresos reales en el ámbito de las reformas en los países del este de Europa son los mayores obstáculos con los que se ha topado la Asociación Oriental en la reunión de este año en Riga, capital de Letonia. La cita ha venido marcada por la crisis de Ucrania y por la búsqueda de un camino que garantice los avances en las relaciones mutuas entre la UE y las exrepúblicas soviéticos. La Asociación Oriental fue un programa de colaboración entre la UE y Azerbaiyán, Armenia, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania presentado en 2008 y lanzado al año siguiente, con el objetivo de buscar un acercamiento sobre todo en el plano económico, aunque sin dejar totalmente de lado el aspecto político. Este programa no ha sido visto en la UE como un paso previo a la entrada de estos países en el bloque, pero sí por algunas de esas naciones como Georgia o Ucrania. Sin embargo, el mayor problema para Bruselas en este área geográfica es el choque con los intereses rusos. Armenia y Bielorrusia se han alejado significativamente de la UE al entrar en la Unión Aduanera promovida por Moscú;Azerbaiyán, autosuficiente económicamente gracias a sus recursos energéticos, no está por realizar ningún acercamiento especifico a la UE, y Georgia, Moldavia y Ucrania tienen problemas territoriales en los que Rusia es el principal protagonista externo. Con este panorama, la UE acudió a Riga sin siquiera una postura común respecto a estos países. Como subraya Borja Lasheras, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, «podemos diferenciar tres posturas entre los países de la UE: los activistas como Suecia, Polonia o los países Bálticos que buscan una mayor implicación de la Unión, los recelosos como Francia, Italia, Austria, Hungría o el Estado español que siguen el principio de primero reformas y luego acercamiento y, por último, los grandes como Alemania o Reino Unido que mantienen posturas distantes y cambiantes según los acontecimientos». Se vuelven a ver dos actitudes diferenciadas, las que buscan mayor implicación de la UE y las que mantienen un acercamiento menos activo y más pragmático al exigir primero reformas internas que les acerquen a los estándares comunitarios y, según se vayan produciendo estas, un acercamiento paulatino. Hasta la fecha ninguna de las dos ha funcionado plenamente. La activista, porque por mucha voluntad que se ponga, si un país no reforma los estándares heredados de la URSS poco podrá colaborar con la UE, y la recelosa, porque sin una mayor implicación, entiéndase financiación, es poco probable que las reformas salgan delante. Pero también se puede dar la vuelta al planteamiento, ya que si financias y te implicas en un país que no hace las reformas adecuadas, el capital invertido seguirá desapareciendo debido a la corrupción que es imposible erradicar sin un espíritu reformista real. Por todo ello, Lasheras auguró que en Riga se iba a «buscar hacer una reunión de trabajo, más que de grandes declaraciones y avances significativos». Y materia para tratar hay. Georgia, Moldavia y Ucrania son los tres países en los que la UE tiene más posibilidades de contrarrestar el avance de Moscú como potencia regional y las principales líneas de trabajo son los acuerdos comerciales, la liberalización de los visados y la asistencia económica. Respecto a la liberalización de visados que permita a georgianos, moldavos y ucranianos viajar más fácilmente a Bruselas, no hay avances notables, ya que la UE sigue teniendo problemas importantes de paro y no puede permitirse la afluencia de mano de obra barata sobre todo desde Ucrania. El problema de los acuerdos comerciales y su implementación es que no benefician a las exrepúblicas soviéticas, cuyas sus economías no pueden resistir la competencia de la UE. Su entrada en vigor, si no se les sigue apoyando económicamente, puede acarrear serios problemas a corto y medio plazo, sobre todo en Ucrania, que podría ser la más afectada por territorio y población. El tercer punto y quizás el más importante para los países del este de Europa es el de la ayuda económica de Bruselas. Georgia espera este año unos 400 millones de euros de la UE. Ucrania confía en obtener otros 1.600 millones. De nuevo, el debate en el seno de la Unión es que toda esta ayuda no va a servir de nada si no hay reformas reales que impidan que ese dinero desaparezca sin lograr resultados. Por eso, la reunión de la Asociación Oriental no pasará a la historia como un gran avance diplomático. La UE seguirá buscando definir su papel en un este europeo cada vez más complicado, donde la ausencia de una postura única de los Veintiocho choca con la difícil realidad de unas repúblicas que notan cada vez más la presión rusa.