GARA Euskal Herriko egunkaria
colaboración

El fútbol como metáfora social


Un año más Athletic Club y Barça se van a encontrar en una final. Más allá de los tópicos sobre los dos equipos con más títulos coperos del fútbol estatal, tenemos que ir más allá de sus méritos deportivos. Este partido llega en un momento dulce para los azulgranas después de su triunfo en la liga. Para el conjunto bilbaíno el encuentro supone un hito ilusionante e histórico en su más de un siglo de vida. Pero nada es lo que era. Con el fútbol en pleno proceso de mercantilización esta final será muy diferente de las pretéritas disputadas por vascos y catalanes.

Aún con el recuerdo de aquel partido jugado el 5 de mayo de 1984 en el Bernabéu que acabó con victoria vizcaína por la mínima gracias a un gol de Endika, ahora ambos equipos encaran el partido en un contexto muy diferente. Aquel año el Gobierno francés inició las extradiciones de miembros de ETA, mientras los GAL cometían diversos atentados. Tan solo dos meses antes de la final Carlos Garaikoetxea había sido reelegido para ocupar la Lehendakaritza. Mientras, en Cataluña Jordi Pujol revalidaba su mayoría absoluta cinco días antes del match, aunque poco después estallaría el escándalo Banca Catalana. Aquella fue una década en la que el independentismo que marcaba la agenda política era el vasco. Así, mientras la Izquierda Abertzale se postulaba como una alternativa de poder ante el nacionalismo del PNV, en el Principado, el nacionalismo radical trataba de articularse alrededor del recién creado MDT. Fue entonces cuando se acentuó la fascinación del movimiento independentista catalán hacia el vasco. Nada diferente de lo que ya se había vivido en 1923 con la firma del pacto Galeusca o durante la década de los treinta entre el PNV y los partidos separatistas de la época. Medio siglo después, Euskadi se erigió en el principal referente del independentismo revolucionario, la marca empleada entonces en Cataluña por la izquierda independentista surgida del franquismo. La empatía y solidaridad de los catalanes hacia la lucha del Pueblo Vasco acabó derivando en la denominada “vasquitis”. Sin embargo, el atentado de Hipercor en 1987 supuso un punto de inflexión en este seguidismo. Desde entonces algunas voces críticas reclamaron la construcción de una vía propia para la liberación nacional.

Ahora nos encontramos en una realidad muy diferente. Cataluña ha pasado a ser el referente y el País Vasco, tras el fracaso del Plan Ibarretxe mira de reojo y con interés la evolución del llamado “proceso soberanista”. Mientras tanto, Barça y Athletic Club intentan perpetuarse como los respectivos referentes nacionales en clave deportiva. Hoy en día, aquellos clásicos enfrentamientos –como la final de Copa que en 1920 jugaron Pichichi, Samitier, Alcántara o Belauste– ya son historia. Ahora los dos juegan sus respectivas ligas. Los azulgrana inmersos en la alta competitividad que les reclama el Madrid, y los bilbaínos, tras algunas sacudidas en el pasado, gozando de su participación en competición internacional. Los dos siguen erigiéndose como garantes de las esencias patriótico-futbolísticas en unos tiempos donde el negocio trata de transformarlo todo, incluso su identidad. Sea como sea, el vuelco también ha sido deportivo. Los barcelonistas después de destronar al llamado Rey de Copas quieren seguir ampliando distancias. El Barça mete la directa para poner más tierra de por medio. Lo mismo que sucede en el ámbito político, con los catalanes driblando al Gobierno central para convertirse en punta de lanza de la ruptura, mientras los vascos enarbolan estelades. El fútbol, una bella metáfora de los tiempos que nos han tocado vivir.