NOV. 12 2015 CRÍTICA «Una pastelería en Tokio» La receta secreta del «dorayaki» o el misterio de la vida Mikel INSAUSTI No vamos a decir que esta película de ambiente gastronómico esté recién salida del horno, pero sí que acaba de ganar en la Seminci de Valladolid el premio a la Mejor Dirección. Y la realizadora Naomi Kawase consigue tal reconocimiento con la que es su obra más asequible hasta la fecha, y en apariencia menos autoral que, por ejemplo, su anterior “Aguas tranquilas” (2014), estrenada aquí este mismo año. Lo que no quiere decir que “An” no contenga todas y cada una de sus constantes temáticas, las cuales giran siempre alrededor del núcleo de la naturaleza y la muerte, así como sus obsesiones personales. Supone un cambio porque es su primera adaptación de una novela, a lo que le ha animado el gozar de plena libertad en la traslación del texto a la pantalla por ser amiga del escritor Durian Sukegawa, quien puso como única y acertadísima condición el protagonismo de la veterana actriz Kirin Kiki. “An” es una película prodigiosa por su carácter reversible, que permite a cada espectador ver lo que quiere ver. Quien quiera quedarse en la superficie y gozar de un cuento culinario de sabor más dulce que agrio no va a tener ningún problema, como tampoco quien quiera profundizar más en la vertiente metafísica del relato, a la búsqueda del equilibrio dentro del ecosistema que hace posible superar la discriminación social y otros problemas materiales. En “An” Naomi Kawase representa la realidad mediante una figura triangular, cuyos lados son el pasado, el presente y el futuro: la anciana enferma de lepra es el pasado histórico de un Japón del que muchos nipones parecen querer renegar, pero que también guarda la esencia y sabiduría de las tradiciones, entre las que se encuentra el “dorayaki” casero; el humilde pastelero es víctima de la crisis actual, de las deudas y del “dorayaki” industrial; y la joven clienta de uniforme escolar habrá de aprender de la una y del otro.