NOV. 23 2015 PROGRAMA BIZILAGUNAK ¡TODOS A LA MESA! TENEMOS MUCHAS COSAS QUE CONTARNOS POR PURA COMODIDAD NO ES FÁCIL DAR EL PASO PARA CONOCER A NUESTROS VECINOS, MENOS AUN SI SON «DIFERENTES». PERO ESA DIFERENCIA ENRIQUECE A LA SOCIEDAD, Y BIEN LOS SABEN QUIENES PARTICIPAN EN EL PROGRAMA BIZILAGUNAK DE SOS RACISMO, QUE PRESENTA A FAMILIAS EXTRANJERAS Y LOCALES EN TORNO A UNA MESA Y BUENA COMIDA. Nagore BELASTEGI Aaldi y Surriya son pakistaníes y viven en Beasain con sus hijos Abdullah y Haseeb. En el día de ayer fueron los perfectos anfitriones de la familia compuesta por Ixiar, Asier y la pequeña Arene, que también viven en Beasain. Los niños hicieron muy buenas migas desde el principio y mientras los adultos establecían primer contacto con la ayuda de la dinamizadora Amagoia, ellos jugaban en la sala. Surriya estaba terminando de preparar la comida cuando pidió al resto de comensales que se sentaran. Ya era la hora de comer y tenía muchas ganas de que sus invitados probaran sus platos típicos. Arroz picante con verduras «Yo quiero arroz», pidió Abdullah en un tono alegre sentándose en la presidencia de la mesa. «Normalmente utilizamos mucho picante», advirtió Aaldi, aunque en esta ocasión se reservaron porque saben que en Euskal Herria no se acostumbra a utilizar tanto picante. Mientras las conversaciones se cruzaban, Ixiar contó que esta es la tercera vez que participan en el programa Bizilagunak de Sos Racismo, que anima a las familias extranjeras y locales a conocerse. «Unos amigos ya habían probado la experiencia y nos animamos. El primer año vino a casa una familia cubana y el año pasado estuvimos en casa de otros pakistaníes». Dahi bhalla y pakora Los crujientes de verdura con harina de garbanzo servían para empujar las bolas de pasta y salsa con patatas. La familia beasaindarra estaba interesada en Pakistán y Aaldi estaba encantado de que le preguntaran. Tras hacerse un lío con el nombre del pico K2 (que se lee diferente según el idioma), Asier mencionó la cordillera del Karakórum y explicó que en Euskal Herria hay mucha afición por el montañismo. Entre plato y plato, los comensales alababan a la cocinera dirigiéndose los unos a los otros miradas de aprobación con la boca llena. Pero, ¿les gusta a Aaldi y Surriya la comida de aquí? Ambos han hecho un par de cursos de cocina, por lo que saben cocinar a la euskalduna. Sin embargo, siguen prefiriendo su comida e intentan mostrársela a la gente. De hecho, en el festival de inmigrantes de Beasain Aaldi participó junto a un amigo preparando sus platos preferidos. El hombre mostraba fotografías sin parar, algunas sacadas en Beasain con amigos locales y extranjeros, y otras de Pakistán. Entre ellas mostró a una niña, su hija mayor, que murió en 2007 en un accidente cuando viajaba en autobús con Surriya. La madre tiene cicatrices en la cara. Un momento sin sonrisas. Chapati y saagh Surriya pidió impaciente a los comensales probaran el chapati, muy parecido al talo y sustituto del pan, con el saagh, una salsa de verduras. Suena el teléfono. Es el padre de Aaldi. «No nos hemos visto desde 2007 –explica– así que no conoce a los niños». Estuvieron en Suiza, después en Dinamarka y después en Barcelona. Allí nacieron Abdullah y Haseeb, y por eso son del Barça... pero también de la Real. Llegaron a Beasain hace dos años y medio. «Los niños están contentos en esta casa. Tienen el parque enfrente y el colegio cerca», explicaron los padres. Están aprendiendo euskara y, por el momento, no muestran demasiado interés por el país de origen de su padre y su madre. Ras malai y té con leche Llega el postre. Unas bolas hechas con una especie de pasta blanda bañadas en leche y almendras. Les acompañaba el té pakistaní. «La leche en polvo la compramos en Pamplona porque allí los paquetes son más grandes», explicó Aaldi. Asier e Ixiar se sorprendieron, «compráis las cosas en un montón de sitios. ¿Cómo vais?». Un amigo de la familia, que además era vecino en Pakistán, les deja el coche cada vez que lo necesitan. Además de compras hacen también turismo. Tras recoger la cocina se hicieron una foto todos juntos. «Mis padres están en Pakistán, pero al margen de ellos, yo creo que la familia está donde vives», comentó Aaldi señalando a sus recién conocidos nuevos amigos. La diversidad cultural que cada vez es más evidente en Euskal Herria hace posibles estos encuentros llenos de sorpresas y aprendizaje mutuo.