DEC. 27 2015 Pelota Todos los ingredientes para crear afición a este deporte Olaizola II-Urrutikoetxea acabaron con la imbatibilidad de Irujo y Rezusta en un partidazo en Miribilla. Jon ORMAZABAL OLAIZOLA-URRUTIK. 22 MTZ IRUJO-REZUSTA 18 Difícilmente hubiera podido escoger Asegarce una tarde mejor para tener un detalle con los clubes de Bizkaia, los verdaderos generadores de estrellas e ilusiones, e invitar a 200 jóvenes a acudir a Miribilla, a una velada que tuvo todos los ingredientes para crear afición. El público supo recompensarlo despidiendo a los cuatro pelotaris puesto en pie al final del choque, e incluso, en un gesto nada habitual, tras el 13-9, una cortada de Martínez de Irujo tras un soberbio tanto. La victoria cayó del lado de Olaizola II-Urrutikoetxea, pero fue casi lo de menos, ya que cayendo así, perder la imbatibilidad debe doler menos a Martínez de Irujo y Rezusta. Sin apenas competencia deportiva, el partido también fue de un tirón increíble para captar nuevos telespectadores. Y eso que el duelo tuvo peligro, y mucho, de morirse nada más empezar. Le costó a Rezusta ponerse al partido y entre un par de errores y las pelotas francas que le dejó a un Aimar Olaizola que no perdonó, los colorados se escaparon para desesperación de un Irujo al que Urrutikoetxea no dejaba ninguna opción de entrar en juego. La suerte también acompañó a los colorados en un par de tantos y el 10-1 y el 13-3 que reflejó el marcador no anunciaba, en absoluto, lo que vendría después. Reacción azul Irujo ni mucho menos estaba dispuesto a sufrir otra afrenta en el Bizkaia, y un tanto en el que tuvo que hacer de todo para derribar la inmensa defensa colorada prendió la mecha. Con una pelota que le dio mucho más tiempo para ponerse, Rezusta se vino arriba, comenzó a soltar la zuda y el panorama giró 180 grados. Irujo tuvo opciones de lucirse y Aimar era el que apenas podía ayudar a un Urrutikoetxea desgastado. Se acercaron 17-16, pero los colorados acertaron más al final para llevarse un partidazo. Y lo mejor, todo ello sin que nadie se acordara de Peñagarikano.