DEC. 28 2015 GAURKOA ¿Qué Navarra queremos? Mauricio Olite Ariz Técnico en energías renovables De un tiempo a esta parte, expresado de una u otra manera, he oído demasiadas veces que tener, sentir y defender una identidad es políticamente peligroso y además nocivo para la salud democrática de un pueblo y sus gentes. Hace poco vino el presidente del Gobierno de España a Navarra para repetir una y mil veces que ¡Navarra es Navarra! Y muchas voces de políticos y medios de comunicación que han ironizado o reído abiertamente de ello como si fuera una perogrullada. Pero no tiene gracia. Porque al «Navarra es Navarra» le añade ¡Foral y Española! Y eso mismo están diciendo las derechas navarras PP-UPN y las nos tan derechas PSN y otros… Para mí, la frase de Rajoy y sus coros navarros es muy importante. De hecho en su visita a firmar al nuevo pacto con UPN traía un solo mensaje, recordar y dejar bien sentado que Navarra fue Navarra pero hoy es España y punto. Y que eso es indiscutible. ¿Algún político o política navarra se pregunta por qué y desde cuándo el escudo de Navarra está en el escudo de España? ¿Será fruto de un fenómeno natural, tal vez volcánico, que lo funde todo a su paso? ¿O será consecuencia de una conquista por la fuerza de las armas con consecuencias dramáticas, con miles de ciudadanos navarros muertos y una Navarra devastada? El vencedor impuso sus condiciones y su memoria, pero lo que está grabado a sangre y fuego ni se le olvida ni se le debe olvidar a una colectividad humana, porque refuerza su identidad. Es muy triste que una parte de la población encabezada por un sector de la clase política quiera ignorar esto tergiversando la realidad y ejerciendo de vasallos, por comodidad o por ignorancia, pero en la mayoría de los casos por interés de clase político-económica. Pero también es doloroso que desde la izquierda se nos invite a la población a resetear nuestra memoria y valores insistiendo en que lo que vale es la voluntad de una comunidad en un momento dado a ser libre, a exigir su derecho a decidir, y a construir un nuevo Estado. Esta voluntad y esa exigencia a ejercer el derecho a decidir no sumarán mayorías si la comunidad navarra no refuerza su conciencia de pertenencia histórica; si tiene borrado de su memoria natural lo que fueron sus antepasados, cómo se organizaban, cuáles eran sus valores, de qué leyes y normas de convivencia se dotaron, qué importancia tuvo Navarra en la naciente Europa de los pueblos y los incipientes Estados…y cómo terminó aquello hace 500 años y por qué. Qué fue de nosotros desde 1512 hasta 1841 y de entonces a hoy, y por qué hoy las cosas están como están. ¿Qué sabemos la población navarra de todo esto? ¿Qué saben nuestros escolares? ¿Qué sabemos las últimas generaciones, del siglo XX y XXI…? Pues en general suspenso, un cate como una casa, porque si no sabemos quién somos, ni de dónde venimos no se puede saber a dónde queremos ir. Me resisto a admitir que son planteamientos historicistas, porque eso es darle la razón al conquistador y a quien le defiende. ¿Algún político se ha preocupado de estudiar cómo figura Navarra y su situación como Estado europeo en el derecho internacional? ¿Se ha hurgado en los anales de la historia europea? Igual habría sorpresas. No dudo de la buena voluntad, pero debemos reconocer que los de nuestra generación no hemos hecho lo correcto y desde nuestro desconocimiento hemos ahondado en este déficit agudizando la desmemoria de las nuevas generaciones. Sería injusto no reconocer el trabajo de algunos historiadores navarros que a contracorriente han trabajado mucho y bien, pero me refiero más a la clase política e intelectual, a las instituciones y a quienes de una u otra manera hemos estado en esas tareas en los últimos 50 años. Y para la izquierda no considero suficiente descargo el hecho de haber estado peleando en el marco de una dictadura y en una sociedad como la navarra gravemente represaliada, diezmada en el 36-39 y desde entonces totalmente silenciada y polarizada. No es suficiente excusa. Las cosas las podíamos haber planteado de otra manera y desde luego ahora no hay pretexto que valga para enmendarla. Otro error de la izquierda es plantear la batalla de la memoria histórica acotándola a los últimos 50 años. Eso es la crónica de nuestra más o menos penosa vida, la vida y andanzas de nuestra generación… La memoria histórica tiene que tener su anclaje en los hechos dramáticos para Navarra y sus gentes, que ocurrieron desde 500 años atrás y hasta ahora irreversibles. ¿Existe algún pueblo del planeta que oculta su pasado a sus descendientes? Sí, Navarra. Y no me refiero solamente a los acontecimientos políticos y sociales, también a los modos y formas de vida, a las costumbres de nuestros antepasados… Entiendo que algunos jóvenes elijan hoy como referencia otras culturas, o sigan el manga u otras modas internacionales, pero no han sido libres para elegir, porque si no conocen lo propio no pueden reconocerse en ello. Lo mismo ocurre con los símbolos y banderas. En resumen, hay mucho por hacer desde la escuela y los medios de comunicación social, desde las asociaciones y movimientos ciudadanos y desde los partidos políticos y las instituciones, pero de entrada yo creo que en el marco estrictamente político se debe reconducir y centrar las claves del debate. Mi opinión es que en el terreno identitario la simbología es importante y se ha hecho una mala pedagogía. Se ha identificado la bandera de Navarra con la derecha navarra y UPN y con los constitucionalistas españoles, y la ikurriña con los vascos y la izquierda abertzale. Y es un problema solo de Navarra, porque la Comunidad Autónoma Vasca tiene la bandera de su pueblo, la de su provincia (Araba, Gipuzkoa, Bizkaia) y la ikurriña bicrucífera de su comunidad política, la que ellos eligieron en referéndum con su Estatuto. Aunque se considere que representa a Euskal Herria. En Navarra el problema es otro, y no se puede confrontar la bandera de Navarra con la ikurriña bicrucífera. El símbolo de Navarra es la bandera de Navarra y el verdadero debate político está entre una bandera de Navarra y otra. La de la Navarra soberanista y la de la Navarra foral y española. La primera, la histórica, con un proyecto moderno de diversidad social y de izquierdas; y la otra, la de derechas y católica (unos más, otros menos) pero constitucionalista española. Ahí están los dos proyectos. Y esto no es dividir a la sociedad Navarra, porque ya está dividida. Como toda comunidad humana, esta también es plural. El debate político lejos de dividir, clarifica y orienta a la sociedad. Políticamente hablando creo que la clave está ahí, Navarra-España. En defender y exigir el rescate del escudo de Navarra del escudo de España. Esto tiene clara defensa. Si fue conquistado, se puede y debe plantear ahora su restitución, y el restablecimiento de la soberanía Navarra en el concierto internacional. Y si como dicen otros, fuimos conquistados pero después se solventó con un pacto… ¿dónde está este pacto? Que se ponga sobre la mesa y se revise. Todo pacto es voluntad de dos partes y se deja firme constancia de ello. Y en ningún caso puede ser eterno, será denunciable por las partes, será revisable, y eso implica que Navarra y su ciudadanía tiene derecho a decidir si quiere seguir con aquel supuesto pacto o firmar otro acorde con los tiempos; o no pactar y recuperar su libertad, su soberanía… ¿o esto acaso no es democrático? De esto se habla cuando se dice que «Navarra es cuestión de Estado» pero… ¿por qué nunca se explica, por qué nunca se aborda la cuestión desde los intereses de Navarra? Yo reivindico el rescate. Esta voluntad y esa exigencia a ejercer el derecho a decidir no sumarán mayorías si la comunidad navarra no refuerza su conciencia de pertenencia histórica; si tiene borrado de su memoria natural lo que fueron sus antepasados, cómo se organizaban, cuáles eran sus valores, de qué leyes y normas de convivencia se dotaron...