JAN. 06 2016 Interview OIER ARANZABAL GUITARRA ACÚSTICA, VOZ Y ARMÓNICA DE LOU TOPET «Todas las canciones son versiones, la originalidad está sobrevalorada» De la gran reserva de la actual década surge en 2012 Lou Topet, banda de Zarautz que se mueve entre la intimidad y el brío. «Abesti bat gutxiago» presenta once versiones sutilmente tratadas. Disco que presenta mañana en Kafe Antzokia de Bilbo y el viernes en Zentral de Iruñea. Pablo CABEZA BILBO Con “Esnatu dira”, mini cedé de 2013, nacía para el público un cuarteto influido por la canción electroacústica con sufijos como post, neo o alt, que llevarían a bruscos movimientos propios del postrock, la sensibilidad del folkrock y la variada expresividad de raíz vaquera del altcountry. Suma de valores que, en ocasiones, quedan aglutinados bajo la forma de americana. No obstante, y por tópico que parezca, Lou Topet (Oier Aranzabal, Rafa Rueda, Oihan Larrañaga y Ander Zulaika) entiende todas esas enseñanzas con brillantez y las dibuja y explica con sus propias emociones y códigos. Terreno expresivo donde se muestra ligero de carga, personal y muy eficiente. “Abesti bat gutxiago” recoge once versiones de músicos como Pete Seeger, Jeff y Spencer Tweddy-Wilco, una de sus mayores influencias, Damien Jurado, Woody Guthrie, pero tras la mirada del izquierdista británico Billy Bragg, Cass McCombs, Mavis Staples, Will Oldham, John Hiatt y un bonus con “Wild horses”, la popular balada de Jagger y Richards. Lou Topet estará en directo, mañana en Kafe Antzokia de Bilbo a partir de las 21.00 horas. Banda invitada Oso Fan. Y el viernes en Zentral de Iruñea a las 21.00. Invitado, Giorgio Bassmatti, parte de Oso Fan. Todas las actuales versiones, son una traslación de textos del escritor y letrista Harkaitz Cano. Para estos directos se suma el admirado pianista Joserra Senperena. El ego en trabajos con notoriedad pública es frecuente. Al principio se compone y se tocan versiones, pero llega un momento, quizá demasiado rápido, en el que te dices que tú también te vales para componer y brillar sin apoyos ajenos. Este caso parece ir al revés, pues de primeras, y tras la referencia de toma de contacto con el mini cedé «Esnatu dira», se lanzan con un disco de versiones, sin complejos. Algunas de las versiones que hemos añadido en “Abesti bat gutxiago”, las tocaba en el piso de estudiantes, en Bilbao. Creo que era 2008 o 2009, antes de empezar con Lou Topet. “Ingrid Bergman” y “Where have all the flowers gone” son dos ejemplos de aquella época. Los compañeros de piso se me ríen a la cara… Bueno, han pasado muchos años. Es verdad lo que mencionas, pero el proyecto ha salido sin querer, gracias a la complicidad de Harkaitz Cano. Y decidimos lanzarnos con este disco-libro de versiones. Una de las conclusiones que hemos sacado en el proceso de creación es que todas las canciones son versiones, y que la originalidad está sobrevalorada. De pequeño aprendimos a hablar versionando a nuestros padres y madres. Eso es así. ¿Y cómo les deja esta situación para la tercera referencia?, ¿será posible despegarse de esta sonoridad o, realmente, es la del grupo, su frecuencia de placer? De “Esnatu dira” a “Abesti bat gutxiago” ha habido una evolución. Nos hemos atrevido con sonidos más sucios, con más distorsión. Rafa Rueda ha tenido mucho que ver en todo esto. Hemos querido romper las canciones, y después recomponerlas. Nos gustan las tensiones que acentúan las partes más amables de la canción. Yo creo que con este disco hemos encontrado un sonido y una forma de componer y tocar en la que nos vemos reflejados. Existe la hipótesis de los «seis grados de relación». ¿Se necesitaron tantos para contactar con el munguiarra Rafa Rueda, hoy miembro fijo? Fue más sencillo. Rafa Rueda y yo éramos amigos. Habíamos coincidido en más de un sarao, y también en el ambiente cultural de Kafe Antzokia, que frecuentábamos [él sigue haciéndolo] los dos. Cuando Unai Martínez (antiguo guitarrista de Lou Topet) me comunicó que dejaba la banda, me entró un poco de vértigo. Ya estábamos preparando el disco, y habíamos ensayado bastante. Nos encontrábamos a un par de meses de entrar al estudio y se me ocurrió llamarle a Rafa. Quedamos en el surtidor de Zarautz y tomamos un café charlando. Me dijo que le gustaba Lou Topet y que, aunque estaba liado con Rafa Berrio y compañía, se sumaba a la banda. Para nosotros fue una alegría tremenda. Comenzamos a ensayar y se acopló enseguida, de una forma excepcional. Ha sido clave en este proyecto y nos ha ayudado a madurar. Digamos que es el veterano que nos ha puesto las pilas. Es más, en el estudio hemos aprendido muchísimo con él. Es inmenso. Harkaitz Cano es una máquina escribiendo, pero reajustar todo esto ha tenido que ser muy laborioso, concienzudo, repleto de correcciones por sonoridad, por sílabas, por fonética, el espíritu de la letra… Ha sido un trabajo laborioso a la par que interesante y enriquecedor. Intercambiábamos letras vía mail y quedábamos cada dos semanas en el sótano de la librería Garoa Kultur Lab. Le cantaba las canciones traducidas y proponíamos cambios. Así, iban tomando forma los temas. Al cabo de un tiempo nos dimos cuenta que esas conversaciones daban para un libro. Una especie de miniensayo sobre la creación de canciones. Sobre la originalidad y la relación entre el escritor y el músico. Además Harkaitz sabe mucho de esto, ya que no para de escribir para muchas bandas de la escena vasca. La verdad, cuando envié a Cano la letra de “Nobody dies anymore” (Jeff Tweedy), no esperaba para nada que acabaríamos publicando un libro-disco de esta envergadura. El disco-libro representa un esfuerzo notable, casi inaudito, uno se queda perplejo ante el nivel del todo: desde la selección de versiones, los textos extras tan bien trabajados, el generoso diseño y el acusado número de páginas… ¿Esto es una bilbainada o es que hay mucho bilbaino por Zarautz? Bilbainos no sé, pero del Athletic hay mogollón (risas). El proyecto ha ido creciendo. Se empezó a traducir una canción, esta llevo a la siguiente, vino la tercera… hasta la décima, más el bonus. Y después nos dimos cuenta que todo esto daba para un libro entero. Poco a poco ha ido cogiendo dimensión, de una forma natural, y creo que se nota en el resultado. Al fin y al cabo es una colaboración entre muchos artistas, tanto músicos como diseñadores, fotógrafos y editores… Sin todos ellos sería imposible publicar algo tan completo. ¿La elección de versiones fue sencilla o se planteó como el típico cristo de cincuenta canciones y a tachar bajo cualquier criterio de autoayuda? Algunas de las canciones que hemos metido en el disco, ya los tocaba hace años, cuando vivía en Bilbao. Los demás, son artistas que nos gustan, artistas que hemos escuchado durante los últimos años. La elección no ha tenido mucho misterio, pero es verdad que hemos descartado algunas canciones, que quizá nos den pie para una segunda entrega, quién sabe… Respecto a “Wild horses”, la metimos de churro. En agosto pasamos dos semanas recluidos en los estudios Garate, conviviendo y, a la par, sin parar de grabar. Y en los descansos, después de comer y a la noche, Rafa (Rueda) y yo solíamos tocar otras versiones. Una tarde nos encantó cómo nos quedó “Wild horses” y le pedimos a Harkaitz Cano que nos la tradujese. Y pensamos que si nos daba tiempo lo meteríamos como bonustrack. Y así lo hicimos. El último día, ya mezclados todos los temas, grabamos la canción en acústico. ¿Les costaba mucho pasar, por ejemplo, de un ambiente como «Ingrid Bergman» a la ferocidad, en parte, de «Ilargi berri»? ¿Se jaleaban para darse marcha? Estos arranques propios del post-rock, tan eficientes, no se prodigan, pero no cabe duda de que son parte del potencial. Nos gusta tocar temas amables o fáciles, más propios del country-folk como “Ingrid Bergman” y “Loreak non dira”, pero lo que más nos llena es buscar contrastes. Romper las canciones y volverlas a recomponer. Crear ambientes intensos. Además, en vivo, estas canciones cobran una gran fuerza. Tenemos gustos muy distintos y ello es una ventaja a la hora de componer. Nos encanta el folk, pero también el post-rock, el son cubano, el metal… y esto nos ayuda a tener una mente muy abierta y a no descartar nada a la primera. ¿Lou Topet le debe mucho a Garoa Kultur Lab, implicados en la edición? Lou Topet nace del germen de Garoa, “Abesti bat gutxiago” también. Los espacios multidisciplinares, espacios de creación son indispensables. Espacios donde gente de distintos gustos, que disfrutan creando, puedan dar rienda suelta a su imaginación. En este sentido los hermanos Imanol y Eneko Agirre, son los que me han apoyado y empujado a sacar adelante este proyecto. Les debo todo. LIBRERÍA «Ha sido un trabajo laborioso a la par que interesante y enriquecedor. Intercambiábamos [con Harkaitz Cano] letras vía mail y quedábamos cada dos semanas en el sótano de la librería Garoa Kultur Lab» REPERTORIO «Tocamos todas las canciones del disco, más dos temas de “Esnatu dira”: “Jakin nahi nuke” y “Esan ez etortzeko” Estas también han evolucionado con la incorporación de Rafa y Joserra»