JAN. 20 2016 Monólogo Carlos GIL Analista cultural Robamos palabras para agrandar el horizonte. El ser humano dialoga consigo mismo creyendo que le escucha algún dios. La poesía es una sucesión de espasmos emocionales que acaban en las manos del afectado tejiendo una manta de bucles y suspiros perdidos en el hueco de la escalera de caracol que nunca llega a tocar las estrellas pero que vista desde abajo parece el único camino directo al éxtasis. Pon una coma, un punto y coma o un punto. O si quieres hacer una pausa, coloca dos puntos y después piensa. Los artistas plásticas dialogan con los materiales, el hierro, la tela, los pigmentos, las acuarelas, pero todo lo que hacen es atrapar insinuaciones quejosas de un mundo intangible. No llores. Espera a que remita este primer tsunami de sentimientos encontrados y analiza ese vacío rellenado por tu imaginación o ese color pastel que ha suspendido la luz de un relámpago erótico convertido en una señal unidireccional. No escuchar al viento es volverse ciego. No mirar al trueno es volver sordo. Nunca esperes que las notas de la partitura se pongan a bailar un tango. Hablas con el mundo cuando hablas con una persona que te escucha. No importa el monólogo, sino el efecto reverberante de esas palabras prestadas, de esas motas del polvo de la memoria que culminan en un proceso de simbiosis total. Los acentos y las interjecciones pueden alterar la temperatura y variar el tiempo de cocción.