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Dimisión y renuncia


Ha dimitido Christiane Taubira. Y lo ha hecho, al menos eso ha declarado, por su desacuerdo con el proyecto gubernamental que propone retirar la nacionalidad francesa a condenados por «atentar contra intereses fundamentales de la nación» o por «actos de terrorismo». No es cuestión de colocarla ahora en un altar que no le corresponde, pero la coherencia le honra.

Ocurre que su despedida llega pocos meses después de que como ministra de Justicia anunciara a su homólogo español que París comenzaría a aplicar acercamientos a presos vascos. Aquello fue en septiembre y lo cierto es que no ha existido ni un sólo movimiento en todo este tiempo. Pero ahora que la justicia administrativa debe pronunciarse sobre la suerte de Lorentxa Guimon, recluida en prisión a pesar del estado crítico de su salud, los ojos que se habían fijado en Taubira mirarán de reojo a Valls, gran beneficiado de la renuncia de la que fue militante independentista guyanesa.

«A veces resistir es quedarse; pero a veces resistir es marcharse», lanzó Taubira después de su anuncio. Hay quien dice que uno de los pilares fundamentales de la defensa de los Derechos Humanos se va con ella, pero es falso. Los Derechos Humanos no han dimitido con Taubira; fue Francia la que renunció a ellos hace ya mucho tiempo, dentro y fuera de sus fronteras.