FEB. 13 2016 CRÍTICA «La ley del mercado» A partir de la mediana edad ya no hay trabajos dignos Mikel INSAUSTI La durísima propuesta de cine social planteada por Stéphane Brizé me ha dejado muy tocado, y la sensación de angustia vital no se me ha pasado varios días después de ver “La loi du marché” por primera vez. Creo, por mi caso, que es una película que va a remover las entrañas de las personas que se encuentran en la madurez, sobre todo entre los cincuenta y los sesenta años, una edad crítica para la inserción en el mercado laboral. Comprendo y comparto al cien por cien lo humillado que puede sentirse el protagonista de la película, al que el sistema rechaza como un objeto usado que ya no sirve, dejándole totalmente desamparado con su tragedia familiar, ya que debe ocuparse de un hijo discapacitado sin apenas recursos a su alcance. No se puede contar con mayor intensidad el sufrimiento de este hombre, gracias a que Stéphane Brizé rechaza la narrativa convencional, siempre insuficiente para penetrar en la realidad más dolorosa, limitándose a exponer una sucesión de secuencias independientes entre sí, que vienen a ser retazos o momentos aislados de la vida del protagonista, que hablan por sí solos. El descomunal trabajo actoral de Vincent Lindon, premiado en Cannes, demuestra que los hermanos Dardenne tenían razón cuando escogieron a Marion Cotillard para protagonizar “Dos días, una noche” (2014), y que una estrella de la pantalla puede profundizar en la sicología de la gente común con problemas terrenales. Durante hora y media Lindon deja de ser Lindon y se convierte en un trabajador anónimo. Ante la adversidad se acaba reaccionando de la manera más imprevista, pero el parado de “La loi du marché” es constantemente sometido a una serie de duras pruebas, y aunque se mantiene resistente no logra evitar venirse abajo cuando tiene que regatear en la venta del bungalow donde el matrimonio había depositado todos sus ahorros, y al tener que probar como vigilante en el supermercado.