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JO PUNTUA

De jueces y genitalidades


Como se acerca el 8 de Marzo, la judicatura española no duda en aportar su granito de arena a la celebración de las mujeres. Así, la titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Vitoria, María del Carmen Molina Mansilla, al tomar declaración a una denunciante de maltrato habitual físico y psíquico en el ámbito de la violencia de género, cuyo relato incluía dos agresiones sexuales y por todo lo cual solicitaba una orden de protección, la citada magistrada le espetó textualmente a la mujer, embarazada de cuatro meses, si durante las agresiones sexuales la denunciante «¿Cerró bien las piernas?» e, insistiendo, le inquirió «¿Cerró toda la parte de los órganos femeninos?» Observe, querido lector con criterio, que la pregunta no fue: ¿Manifestó mediante el órgano fonador, el que permite el habla tanto a hombres como a mujeres, su negativa a mantener relaciones sexuales con el denunciado? Piensa, quizás, su señoría María del Carmen que unas piernas de mujer un tanto relajadas escondan, en realidad, unos órganos sexuales en celo deseosos de apareamiento con cualquier macho. ¿Y las que padecen síndrome de piernas inquietas?

No ha experimentado, aún, Maricarmen que el principal órgano sexual de los humanos es el cerebro. Me entristece imaginar sus relaciones sexuales y, sobre todo, el hercúleo continuo esfuerzo de andar por la vida aprieta que te aprieta las piernas para que, así, los varones no se vean impelidos a violarte, y, por otro lado, dando la impresión de unas continuas y permanentes pérdidas de orina.

Desconoce la letrada Maricar, tan experta en la doctrina Parot, que aunque su clítoris pareciera una cereza de Etxarri, su vagina diera palmas forzándole a hacer el espagat y sus glándulas de Bartolino se asemejaran a la fontana de Trevi, ningún protohomínido, ninguno, tendría derecho, sin su consentimiento, ni siquiera a importunarle. Pobre jueza o juez, como ella quiera.