FEB. 28 2017 La isla acorazada La lúgubre silueta de la isla minera de Hashima se perfila en el mar. Las fachadas sin ventanas y las estructuras metálicas oxidadas son los restos de la intensa industrialización que vivió Japón entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. La isla, desértica desde el cierre de la mina en 1974, pasó en 2015 a formar parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco. En 1960, en su máximo apogeo, en la isla, llamada Gunkanjima (isla acorazada), 5.300 personas vivían en una superficie de 6,3 hectáreas. El carbón se extraía las 24 horas del día en relevos de ocho horas. Las deflagraciones de grisú y los accidentes costaron la vida a 215 personas durante los 84 años de actividad. La isla encierra otra herida, la del trabajo forzado de chinos y coreanos durante la ocupación japonesa de Corea de 1910 a 1945 y de parte de China de 1932 a 1945. «Es un lugar maldito», declaró Zhang Shan, vicepresidente de la asociación china del trabajo forzado, quien define como «conmoción para las víctimas» el reconocimiento de la Unesco. Tokio se comprometió en 2015 a «hacer entender» que muchas personas «fueron forzadas a trabajar en condiciones muy duras en los años 40». Hashima, la islaminera abandonadaen 1974, mantieneaún abiertas lasheridas del trabajoforzado.