APR. 04 2017 CRÍTICA « David Lynch: The Art Life» El creador ante su espejo distorsionado Koldo LANDALUZE ADavid Lynch figura en la selecta lista de creadores que a fuerza de querer perderse en sus propios laberintos, ha elaborado un universo propio que deriva hacia un encriptamiento de su discurso. Un fenómeno no muy habitual y que tan solo logran aquellos autores que, aún a riesgo de perder por el camino a un buen puñado de seguidores, optan por no mirar atrás y seguir ahondado en un territorio creativo solo apto para quienes desean saber qué se encuentra al final del viaje propuesto. En el caso de Lynch todo cobra forma en una escenografía en la que lo onírico se transforma en pesadillesco. A la espera de lo que dará de sí su esperado reencuentro con la iconográfica “Twin Peaks” –el evento seriéfilo por excelencia de este año–, saludamos este excelente ejercicio documental firmado por Rick Barnes, Jon Nguyen y Olivia Neergaard-Holm en el que topamos con una de las vías por las que transita el Lynch actual, la pintura. “David Lynch: The Art of Life” es un proyecto de obligada visión para los seguidores del autor de “Terciopelo azul” porque profundiza en la necesidad de creación constante que habita en sus entrañas. Si bien nunca encontraremos respuestas que revelen el «enigma Lynch», topamos en este proyecto con un cuidado muestrario de secuencias, miradas y palabras que abordan lo complejo que resulta plasmar –en este caso un lienzo– todo lo que se amontona en el cerebro y es filtrado por la imaginación. La virtud de este documental se concentra en su propia sencillez, atrapa a Lynch en su estudio mientras plasma en sus lienzos su expresionismo salvaje y su hija pequeña asoma por los alrededores compartiendo su juego de pinceles y colores. Su voz en off tan solo aporta detalles, leves tonalidades y bocetos de un discurso en el que lo importante no es saber cómo será el final del juego, sino la ruta que lleva a su desenlace.