APR. 07 2017 EL HIJO DE JEAN Él en Quebec y yo en Francia V.E. A los 33 años de edad, Mathieu aún no ha tenido ocasión de conocer a su padre. Cada vez que juntaba el valor suficiente para sacar el tema delante de su madre, esta se limitaba a responder que el hombre desapareció de sus vidas la mañana después de su concepción. Y así, la búsqueda cayó en el olvido... hasta que la montaña fue a Mahoma. Un día cualquiera, Mathieu recibe la llamada de un desconocido que afirma ser amigo de su difunto (!) padre. Movido por una renovada curiosidad, el protagonista sigue la pista de dicha llamada... para terminar en la otra punta del mundo, rodeado de individuos y situaciones extrañas, incómodas, violentas... y aun así, profundamente humanas. De Francia al Quebec. La nueva película de Philippe Lioret salta “el charco” para que el espectador tome consciencia de que las distancias no siempre son cuestión de metros, sino más bien de ese intangible emocional que son las relaciones que establecemos con los llamados “seres queridos”. Tanto desde la dirección como desde la escritura, Lioret nos lleva a un terreno minado de dramas adultos, cuyo interés recae sobre sus insondables consecuencias. La labor es impecable a la hora de insinuar el conflicto... por desgracia, no tan inspirada (ni meditada) en lo que a resolución se refiere.