FEB. 08 2018 CRÍTICA «Los cuadernos de Sara» África desde la distancia Koldo LANDALUZE Cuando tropiezo con filmes como “Los cuadernos de Sara” me invade la triste sensación de estar ante un producto engañoso que se sirve de una excusa dramática sobrecogedora pero que, lejos de tender a incidir en los motivos que inspiran el argumento, se olvidan de la honestidad que ello requiere y apuesta por un acercamiento muy distante y encaminado a seducir al mayor número de público posible. Si bien esta opción puede resultar satisfactoria –desde una óptica meramente comercial–, desde una concepción ética y artística el producto se antoja un espejismo que incluso puede infundir cierto enfado en diferentes sectores del patio de butacas. Tomando como excusa dramática la llamada “Guerra del Coltán”, que se desencadenó en el castigado Congo, seguimos de cerca el periplo de una mujer que no dudará en adentrarse en la selva gobernada por los Señores de la Guerra para dar con el paradero de su hermana desaparecida, una doctora que ofrece sus servicios a una ONG. Si en la premisa podemos encontrar motivos para una película que podría seguir la estela de filmes como “Diamantes de sangre” o la sobresaliente “El jardinero fiel”, lo que se revela en el guion –que incluye la firma de un autor tan poderoso como Jorge Guerricaechevarría– no es más que un vía crucis de diseño en el que Belén Rueda repite constantemente un rictus de angustia excesivamente forzado. Tanto en su apariencia visual –muy cuidada– como en sus diálogos, se revela la calamitosa fórmula hollywoodense que tan malos resultados suele dar cuando se pretende aplicar a otro tipo de producciones, lo que provoca una sensación de falsedad importada que lastra por completo las aparentes buenas intenciones que se intuyen en el filme.