GARA Euskal Herriko egunkaria

Lo visual de Duras


En alguna parte de la playa, a la derecha del que mira, un movimiento luminoso: un charco se vacía, una fuente, un río, unos ríos, sin punto de reposo, alimentan el abismo de la sal. A la izquierda, una mujer con los ojos cerrados. Sentada”. Sigue fascinándome el modo de escribir de Marguerite Duras (“Indochina”, 1914), de registrar lo que veía, lo que pensaba, lo que imaginaba. “El Amante”, “Emily L”, “El amor”, son algunos de esos libros que me han acompañado desde siempre, diría, y a los que regreso (con cautela y de forma espaciada, eso sí). Cada vez que los visito, vuelvo a sentir asombro y admiración y descubro siempre lo visual y cinematográfica que era, veo sus historias y creo que al cine le queda mucho por hallar en sus escritos. «Lo he visto todo, todo», «No has visto nada en Hiroshima. Nada», oímos al comienzo de “Hiroshima mon amour” (1959). La cinta dirigida por Alain Resnais y basada en la novela de Duras, transmite una congoja seca al hablarnos, a través de dos amantes, de la tierra quemada que deja a su paso la guerra. La obra de Marguerite Duras es un legado testimonial de otros modos de ver la historia. En “Marguerite Duras. París 1944”, inspirada en la novela “El dolor”, es fácil ver a través de la extraordinaria interpretación de Melanie Thierry que las guerras son algo más que historias sobre vencedores y vencidos, percibir algo de lo que vio Duras. La cinta, dirigida por Emmanuel Finkiel y que compitió en la Sección Oficial de Zinemaldia, se estrena estos días.