GARA Euskal Herriko egunkaria

Diversas caras y luchas, vivo reflejo de por qué es necesario decidir nuestro futuro

Euskal Herria está siendo testigo de un importante despertar social. El movimiento feminista llenó las calles el pasado 8 de marzo, los pensionistas llevan meses protagonizando masivas movilizaciones por unas pensiones dignas, el despropósito del juicio contra los jóvenes de Altsasu ha sido denunciado a lo largo del país... Todas estas luchas confluyeron ayer a favor del derecho a decidir.


Conforme avanzamos desde el kilómetro número 1, junto al Ayuntamiento de Donostia, hasta la salida de la capital guipuzcoana por el barrio del Antiguo, damos frente a frente con diversas reivindicaciones sociales y políticas que se unen para reclamar el derecho a decidir en Euskal Herria. Luchas sociales que también se hicieron ver en Gasteiz y Bilbo, así como a lo largo de los 201,9 kilómetros de cadena humana.

El color morado nos ayuda a identificar el punto donde se reúne el movimiento feminista, en el segundo kilómetro. El paseo de la Kontxa luce soleado y desde la playa muchos observan con curiosidad la hilera de gente que se congrega junto a la barandilla, agarrados de la mano. Unos pocos metros antes hemos atravesado el cartel con la palabra «Democracy», un mensaje pensado para llegar también a los turistas. Ana Txurruka y Haizea Nuñez portan sendas banderolas. Tras las masivas movilizaciones que el pasado 8 de marzo se hicieron eco de los derechos de las mujeres, fueron muchas las que ayer quisieron trasladar su apoyo a la reivindicación del derecho a decidir. Para decidir sobre sus cuerpos y reivindicar la igualdad en todos los ámbitos. Y para ello, señalaron, es precisa también decidir sobre el futuro de Euskal Herria, sobre su estatus político.

«Como movimiento feminista, históricamente nuestra reivindicación ha sido el derecho a decidir. Decidir sobre nuestras vidas, sobre nuestros cuerpos y cómo no en nuestro territorio. Por eso nos parecía que como movimiento feminista teníamos que estar en esta iniciativa de Gure Esku Dago», expresaba Txurruka. Junto a ella, Nuñez resaltaba la necesidad de aportar la fuerza del movimiento feminista a la reivindicación del derecho a decidir. «Somos parte de este país y somos un movimiento fuerte en este momento y pondremos nuestro grano de arena para poder decidir entre todos y todas sobre el futuro de nuestro país. Para que nuestro pueblo sea libre en todos los sentidos», añadía.

Entre ola y ola de la cadena, poco antes de llegar al túnel del Antiguo, la secretaria general del sindicato LAB, Garbiñe Aranburu, nos resume sus razones para decidir. Lo hace como mujer, trabajadora y representante del movimiento sindical. «El derecho a decidir supone profundizar en la democracia. Los últimos años nos vienen imponiendo un modelo social y económico totalmente antidemocrático. Nosotros queremos garantizar a la mayoría social una vida digna», señalaba.

El color morado reflejó ayer la importancia de decidir en Euskal Herria sobre las relaciones laborales, sobre el sistema de protección social, sobre cómo garantizar un modelo igualitario.

 

Los pensionistas siguen a pie de calle por una vida digna

Lunes tras lunes miles de pensionistas mantienen al pie del cañón sus movilizaciones por unas pensiones dignas. 2018 se ha convertido en el año en que este colectivo ha demostrado todo su potencial, han sido y son reflejo de un pueblo vivo. Con inquietudes y determinación para construir un sistema basado en la justicia social. Ante los recortes impuestos por el Gobierno español, mujeres y hombres reclaman poder vivir dignamente tras toda una vida de trabajo. Su tesón se ha convertido en ejemplo estos últimos meses tras dejarnos imágenes de calles abarrotadas. También ayer se sumaron a la cadena humana, congregándose ante los ayuntamientos por donde transcurría.

«Hemen bizi eta hemen erabaki» fue el lema escogido por los pensionistas concentrados en Donostia. Una pensión mínima de 1.080 euros, es su reclamación para poder garantizar un nivel de vida alejado de la precariedad en la que muchos y muchas subsisten. Los donostiarras María Serrano e Iñaki Martínez sostenían junto a varios compañeros la pancarta mientras enumeraban con soltura sus razones para apoyar la iniciativa de Gure Esku Dago. «Es un día histórico para nosotros y queremos aprovechar este altavoz para reivindicar que queremos decidir aquí sobre nuestras pensiones», señalaba Serrano.

Su compañero añadía que el de la decisión es un derecho que pertenece a la ciudadanía y alertaba de que aún no se ha logrado una democracia plena: «El franquismo y el postfranquismo han sido casi iguales y hay que cambiar eso. Deben reconocerse los derechos de los pueblos y entre ellos está el derecho a decidir». Para Martínez poder decidir sobre el estatus político de Euskal Herria es condición sine qua non para después poder hacerlo sobre otros tantos aspectos sociales y económicos que afectan al conjunto de la ciudadanía. Ellos y ellas lo tienen claro y lo seguirán defendiendo cada semana en las plazas de nuestros pueblos y ciudades.

 

Altsasu recibe el calor humano acumulado en 202 kilómetros

Altsasukoak askatu». El kilómetro 193 de la cadena humana tenía este lema como seña de identidad. Pañuelos rojos y diversas pancartas mostraban su solidaridad con los ocho jóvenes enjuiciados por una trifulca de bar con dos guardias civiles ocurrida en 2016. Siete de ellos, Oihan Arnanz, Adur Ramirez de Alda, Iñaki Abad, Jokin Unamuno, Jon Ander Cob, Aratz Urrizola y Julen Goikoetxea, están en prisión para cumplir las elevadas condenas impuestas por la Audiencia Nacional española.

El caso de Altsasu ha sido denunciado a lo largo y ancho de Euskal Herria durante este largo año, recabando el respaldo de diversos agentes sociales y políticos. Gure Esku Dago también quiso hacerse eco de ello. Los padres y madres de los jóvenes altsasuarras manifestaron tras las detenciones de la pasada semana que «los derechos civiles y políticos están en el punto de mira», por lo que «es más importante y necesario que nunca activar y construir una red ciudadana en defensa de la democracia y la libertad».

En Zigoitia, Koldo Arnanz –padre de Oihan Arnanz– compartió la injusticia de la que han sido víctimas y relató la situación en la que se encuentran los jóvenes encarcelados a cientos de kilómetros de Euskal Herria. Motivos que se suman a la apremiante necesidad de decidir sobre el futuro del país. Un mensaje que llegó también a otros puntos de la cadena ya que, por ejemplo, también en Donostia desplegaron una pancarta en solidaridad con los navarros. Fue en el segundo kilómetro, en el tramo completado por el movimiento juvenil.

Los derechos civiles y políticos estuvieron más presentes que nunca en la movilización de ayer. También hubo muchos que portaron banderolas por la repatriación de los presos y para pedir el fin de la política penitenciaria de excepción. Y es que ayer, tal como pretendía la propia dinámica, quedó demostrado que hay sobrados motivos para llevar a cabo el derecho a decidir.