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CRÍTICA «Untouchable (Intocable)»

Érase una vez en... Hollywood


Si alguien se decidiera a hacer la historia del patriarcado en Hollywood desde el cine mudo hasta nuestros días, necesitaría disponer de una gran producción televisiva de interminables capítulos. Como eso es casi imposible, de puro inabarcable, creo que la figura de Harvey Weinstein contiene en sí misma el mejor de los resúmenes posibles sobre el ejercicio del poder dentro de una industria que sistematizó el abuso contra las mujeres. En una de sus declaraciones, el magnate caído en desgracia afirmó que los métodos de “casting” para las actrices no los inventó él. Pero esa misma desfachatez que utiliza en su defensa es la que vivió durante cuatro décadas todo su entorno, muy bien captado por la documentalista Ursula MacFarlane en “Untouchable” (2019).

Ya sé que a las audiencias mayoritarias les gustaría ver a las megaestrellas llorando y narrando los abusos sufridos por parte de un todopoderoso productor que ya no da tanto miedo como antes, pero a cambio de esa opción sensacionalista este documental presenta un planteamiento más serio y riguroso. Por un lado están los colaboradores necesarios y profesionales que trabajaron con el monstruo en complicidad, por otro los y las periodistas que destaparon la verdad a partir de 2017 y, finalmente, el testimonio de las víctimas, no necesariamente famosas.

Las confesiones tienen así mayor fuerza, puesto que se trata del sufrimiento de unas mujeres a las que no hace falta poner nombre y apellidos para empatizar con ellas. El relato más demoledor es el de Hope Exiner D’Amore, que a sus 62 años recuerda lo que le hizo el futuro magnate cuando ella tenía 20 y él empezaba con su hermano Bob como organizador de conciertos en Buffalo. Las conclusiones a sacar son igual de duras, porque siempre fue un maníaco sexual y actuó impunemente mientras tuvo dinero para comprar voluntades.