MAY. 08 2020 Irak tiene primer ministro, pero sigue desgobernado entre Irán y EEUU Tras más de cinco meses &dcThree;sin Gobierno y tras dos intentos fallidos, Mustaphah al-Kazemi es el nuevo primer ministro de un Irak entre la espada y la pared de Irán y EEUU, con una economía hundida y una crisis de legitimidad política que pueden hacer que la calle explote. Dabid LAZKANOITURBURU El Parlamento de Irak aprobó a última hora del jueves el Gobierno del nuevo primer ministro, Mustaphah al-Kazemi, poniendo fin al mandato interino de Adel Abdul Mahdi, quien dimitió a finales de noviembre a raíz de las protestas que denuncian la precariedad de las condiciones de vida en el país árabe y exigen un cambio de régimen. La cámara avaló a 15 de los ministros presentados por Al- Kazemi y pospuso la votación de los titulares de Exteriores y Petróleo, carteras verdaderamente estratégicas para diseñar el futuro de Irak, así como de otras cinco de menos peso. Al-Kazemi, jefe de los Servicios de Inteligencia, se convirtió el 9 de abril en el tercer candidato a primer ministro después de que el gobernador de la ciudad santa de Najaf, Adnan al-Zurfi, fuera vetado por el bloque chií proiraní al considerarle «un títere proestadounidense» y de que el primer aspirante, Mohamed Allaui, fuera rechazado por las minorías kurda y suní, que le veían como «una marioneta de Teherán». El «político independiente», que no tiene oficialmente el aval de ningún partido, pero tampoco cuenta con apoyo popular, ya ha sido rechazado por los sectores que estaban saliendo a la calle contra la clase política hasta la llegada de la pandemia y el confinamiento, y tiene ante sí una tarea hercúlea. En el plano económico, el incremento del índice de desempleo es general en todo el país por el confinamiento, los ingresos petroleros en un país totalmente rentista han caído a un mísero 20% (cinco veces menos de beneficios) en un año y el nuevo Gobierno planea emitir dinares a mansalva, con el consiguiente riesgo de una devaluación masiva. Chiíes, suníes y kurdos En el plano político interno, Al-Kazemi deberá lidiar con una crisis de confianza total entre de la ciudadanía que le debería de apoyar, la mayoría chií del país, –los suníes están completamente marginados al haber sido injustamente identificados con la irrupción en 2014 del califato del Estado Islámico, y los kurdos siguen a lo suyo, con su propia agenda– y la clase política, exacerbada por una represión y guerra sucia contra la «revuelta de octubre» que ha dejado un saldo de 550 muertos, centenares de detenidos y desaparecidos y miles de heridos. Un escenario que podría convertirse en explosivo y sumar el malestar económico y la desconfianza política al grupo de irreductibles que resisten acampados en la plaza Tahrir de Bagdad. Y que podría aunar a su causa a la población suní del centro y norte del país, absolutamente ninguneada, y a los kurdos, cuyo Ejecutivo autónomo lleva meses sin recibir de Bagdad el dinero para pagar los sueldos a sus funcionarios. En medio de este marasmo, el primer ministro de consenso deberá, asimismo, hilar muy fino entre EEUU e Irán. La orden de expulsión de las tropas estadounidenses que decidió el Parlamento tras el «magnicidio» del comandante iraní Qassem Soleimani sigue vigente. EEUU está llevando a cabo un repliegue de sus tropas a Siria, al Kurdistán iraquí y a Jordania, con la excusa de la pandemia del coronavirus. Así, ya ha salido y entregado al Ejército iraquí el control de media docena de bases, en las que estaban apostadas tropas europeas aliadas. Pero Washington tiene la llave para permitir o impedir que los iraquíes tengan siquiera luz en sus casas. El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, llamó ayer mismo a Al-Kazemi para anunciarle que prorroga en otros 120 días la exención para Irak de la prohibición de que compre electricidad a Irán. IRÁNTrump ha vetado la resolución del Congreso de EEUU que limitaba su capacidad para atacar a Irán sin la aprobación del legislativo. La ha tildado de «insultante» y parte de la campaña electoral demócrata.