AUG. 11 2020 CRÍTICA «Color Out of Space» La alquimia lisérgica de Stanley, Cage y Lovecraft Koldo LANDALUZE Carne de meme y kamikaze interpretativo, Nicolas Cage parece prolonga una ruta profesional que resulta difícil de seguir debido a los constantes zigzags y volantazos impredecibles que perpetra y que le llevan a ligar su nombre y el poco rédito que le quedó de su Ócar por “Leaving Las Vegas” a una interminable lista de títulos de todo tipo de calibre. En su empeño por reflotar su deteriorada economía –fruto sobre todo de su obsesión por despilfarrar en todo tipo de caprichos–, Cage primero firma los cheques y después lee el guion. Semejante política le ha llevado a completar una filmografía compuesta por un gran número de productos de serie Z y varias películas magníficas que son pieza de culto. Y todo ello lo consigue mediante sus dos registros: su rictus de cordero degollado y su telurica explosión histriónica. Por todo ello no nos extraña que “Color Out of Space” simbolice este estado intermedio en el que Cage logra seducirnos con un proyecto que parece cortado a su medida. En este acercamiento al imaginario de H .P. Lovecraft todo resulta extraño, sicotrónico y desconcertante, lo que lo convierte en una de las mejores aproximaciones al escritor que imaginó “Los mitos de Cthulhu”. Envuelta en una atmósfera alucinógena y teñida por unas tonalidades muy intensas de morado y rosa, la película logra su objetivo de seducir a espectadores de diferentes generaciones y respetar al máximo el bestiario indescriptible y cósmico de Lovecraft. La presencia detrás de la cámara de Richard Stanley también lo dice todo. Promesa del cine fantástico, la carrera de este cineasta sudafricano quedó truncada tras ser despedido del rodaje de uno de los mayores desastres fílmicos de la historia del cine, “La isla del Doctor Moreau” que protagonizó Marlon Brando en el 96. Veinticinco años después, Stanley comparte trapecio con Cage y logran un triple salto mortal sin red.