AUG. 25 2022 DE REOJO Perplejidad asistida Raimundo FITERO A un preso tetrapléjico, a la espera de un juicio por haber tiroteado a sus excompañeros de una empresa de seguridad, acusado de intento de homicidio, toda la cadena de prevención judicial le han concedido el derecho a la eutanasia, que ya ha sido aplicada, con lo que entramos en una disquisición jurídica que escapa a la comprensión de los legos, pero que abre, por otra parte, una buena vía de confirmar la magnífica idea de tener una ley que permita dentro de un gran exhaustivo cuadro de garantías médicas y jurídicas, aplicar la muerte asistida a personas que se encuentren en una situación física grave, que convierta su existencia en algo insoportable y científicamente sea irreversible. Por lo visto es el caso de este hombre de cuarenta y seis que intentó realizar una escabechina, pero que solamente hirió de distinta gravedad a sus objetivos y que salió con heridas irreversibles del enfrentamiento. La perplejidad es porque se trata una persona incursa en un proceso judicial que podía tener repercusiones no solamente penales, sino económicas. Y ahí es el punto en el que los abogados de las acusaciones muestran su discrepancia. Pedían esperar a que fuera condenado por un tribunal, lo que la supuesta sentencia dejaría indemnizaciones para sus clientes. Ahora, el sujeto tiene una certificación de «muerte natural», el proceso queda anulado y tenemos tema para ir hilando las tardes de aviso de tormenta o para comerse la cabeza sobre este caso. Me parece un gran avance el derecho a la muerte digna. Desde su existencia han sido unos pocos cientos los que lo ha usado.