GARA Euskal Herriko egunkaria
«EL MEDIADOR»

Una conjura gubernamental desfasada


Liam Neeson ha reconocido en repetidas ocasiones el fuerte impacto que le produjo el fallecimiento de su compañera sentimental Natasha Richardson y que ello le llevó a aceptar todo tipo de proyectos que le permitían eludir momentáneamente su depresión. Ello le llevó a participar en proyectos de segunda fila y que, en clave de thriller de acción, le llevaron a ser una especie de versión actual de Charles Bronson en su faceta de justiciero urbano.

En “El mediador”, cuarto título que Neeson encadena en este 2022, nos volvemos a topar con los métodos expeditivos de un actor alejado de su mejor faceta interpretativa y que vuelve a ser pasto de un producto muy desfasado, tanto en su planteamiento argumental como técnico, y que nos recuerda a esas producciones setenteras que con mayor fortuna abordaban conjuras gubernamentales.

En esta oportunidad, el actor irlandés presta su siempre poderosa presencia a un agente especial de FBI cuya especialidad es sacar de los embrollos a los agentes encubiertos cuya estabilidad mental comienza a peligrar y, con ello, provocar que sus fachadas se derrumben. Todo ello queda aclarado en las secuencias iniciales en las que el protagonista ejecuta una operación de limpieza entre un grupo de supremacistas blancos.

No obstante, nuestro agente comienza a sufrir los achaques derivados de la edad y ya acaricia la posibilidad de un retiro que deberá posponerse cuando una activista es asesinada y otro agente se empeñe en destapar una operación que involucra a las altas esferas del FBI. Con estos mimbres, el director Mark Williams compone un thriller de intriga y acción tan básico como poco efectivo y que, para colmo de males, se ajusta a un argumento que en muchos tramos resulta inverosímil. Demasiado peso para que sea soportado po un Neeson que se dedica a recitar sus frases sin excesivo entusiasmo.