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Interview
Paco Roda
Autor de “Resistiendas”

«Comprar en comercios locales es un acto de fe y de militancia»

Paco Roda hace en “Resistiendas” (Pamiela) un alegato del comercio local, retratando casi medio centenar de tiendas de toda la vida del casco viejo de Iruñea, a las que acompañan las fotografías de Marta Salas.

(Jagoba MANTEROLA | FOKU)

Deambulando por las tiendas que recorre en este libro, publicado por Pamiela, el historiador, trabajador social y columnista Paco Roda se ha topado con el cantante de Joy Division en Casa Arilla, con un magnate de Hollywood que quería comprar el aroma de Pastas Beatriz para “proyectarlo” en las salas de cine o con Woody Allen tocando en la charanga Jarauta 69 a las puertas de la librería Abarzuza, o tal vez de la tienda de discos Dientes Largos, de Ultramarinos Gloria, de la Churrería La Mañueta… Son algunos del casi medio centenar de comercios locales de Alde Zaharra de Iruñea que el autor comenzó a retratar durante la pandemia y que homenajea en “Resistiendas” y en los que todo puede pasar, porque todo ha pasado ya antes.

El libro es, además, una llamada a la resistencia, no solo de quienes pelean por su supervivencia al otro lado del mostrador, sino también de nosotros, sus clientes, antes que la faz de la vieja Iruñea, y de todos los cascos viejos de nuestras ciudades, en realidad, se conviertan vulgares e intercambiables, plagadas de cadenas de hamburgueserías, gastrobares o airbenebés.

¿«Resistiendas» tiene algo de inventario de oficios, de un mundo, una ciudad que se pierde?

No ha pretendido ser un inventario de oficios aunque al final esos oficios se hayan evidenciado en una ciudad que hace tiempo renunció a ellos. Por la velocidad de las cosas que diría Rodrigo Fresán. Lo que sí lamento es la pérdida de esa ciudad de tiempos lentos, de compras sosegadas, casi poéticas, de ese mundo que quizá sea irrecuperable. Recuerdo una novela de Yoko Ogawa, “La policía de la memoria”, donde de manera inexplicable en una isla sin nombre desaparecen cosas irrecuperables y donde los habitantes que guardan recuerdos son arrestados. Pero aquí quiero aclarar que mi lamento no quiere ser neorrancio, ese movimiento nostálgico que reivindica que cualquier tiempo pasado fue mejor como dice Ana Iris Simón en su libro “Feria”. Porque esa idealización del pasado es un peligro político y social. Me preocupa sí, este tiempo porque desaparecen cosas sin que nos demos cuenta. Como muchas de estas tiendas.

¿Cree, a pesar de todo, y aludiendo al título, que algunos de esos comercios efectivamente resistirán?

Por sí solos no, porque la fuerza de la gravedad de las cosas es la que es, como esa inercia desbocada del hiperconsumo cómodo desde el ordenador. Resistirán si, ante todo y sobre todo, hay una clara voluntad política de protección de estos locales como bienes de interés público, social y cultural. Y ello supone una contundente legislación protectora más allá del subvencionismo de poca monta.

En ese sentido, ¿hay también una llamada a la militancia de los clientes, a un consumo de cercanía o responsable?

Sí. A sabiendas que no es fácil dadas las actuales dinámicas de consumo y autoconsumoon line, porque comprar en estas tiendas es un acto de fe y de militancia, de resistencia frente a las estrategias de gentrificación que también afecta a estos negocios. Pero esa militancia debe ser de doble sentido: clientes y comerciantes. A cambio de fidelidad te ofrezco cercanía, te fidelizo a través de la calidad. Y es que se trata de hacer posible que esas resistencias particulares logren expresar con mayor fuerza una pretensión de universalidad; que ese pequeño comercio también pueda satisfacer necesidades globales sin perder su identidad.

¿Cómo lidia en un libro como este con la nostalgia?

No sé donde leí que la nostalgia es la esquizofrenia de la historia. Así que hay que andar con mucho cuidado para no atrincherarte en ese estado emocional, por si acaso. Porque hay una alta inflación de nostalgia y melancolía en el ambiente. Quizá porque este presente ya viene anunciando la falta de futuro, como ya lo hicieran hace años los Sex Pistols. Este libro tira de nostalgia, sí, porque soy hijo de un tiempo, pero intentando politizar ese pasado a través de lo que Fruela Fernández llama la “tradición rebelde”, que es entender que lo que ha sido bajo el signo de lo inevitable pase a convertirse en una forma de resistencia y oposición. En este caso que estas tiendas se reivindiquen como herramientas culturales y sociales imprescindibles frente a una “franquiciación” de nuestro comercio local.

El libro tiene algo de periodístico, de crónica, pero también es un libro literario, que recurre a la fantasía, por ejemplo cuando imagina a Borges, a Audrey Hepbrun... como clientes de estas tiendas.

Sí, no quería hacer una guía comercial al uso. Ni siquiera añadiéndole lo del “encanto”. Tampoco sabía exactamente qué quería hacer hasta que estas “Resistiendas” empezaron a imponerse, a decretar un estado sitio, a imponer sus normas. Y me dejé llevar por ellas, pues mientras querían ser fieles a la historia que las sostenía, a las fechas que las levantaron o las tumbaron, al lugar al que pertenecen, también querían desobedecer, desertar de su historia oficial. Así que muchas de ellas se inventaron una historia paralela por donde circulan rumores, bulos, ficciones, personajes y hechos que tal vez ocurrieron o tal vez no. “Resistiendas” es un juego de ficciones y también de ilusionismo. Y sí, también peca un poco de crónica necrológica de un barrio amenazado por una gentrificación encubierta y casi invisible.

Una parte importante del libro son las fotos de Marta Salas...

Una amiga empezó a leer el libro por las fotos de Marta Salas. Quiero decir que primero leyó las fotos y luego miró el texto. Me dijo que era la primera vez que el blanco y negro le llevaba a la alegría. Marta se ha empeñado en este trabajo. Mucho. Ha lidiado en plena pandemia con la autoridad y las mascarillas, ha implicado a amigas y familiares y se ha metido en la piel de cada tienda para exponer su mejor versión. Creo que estas “Resistiendas” van a agarrase con fuerza a esas fachadas, a esos escaparates que Marta ha retratado como si fotografiara trozos de su propia vida.

Por último, aunque este puede parecer un libro muy iruindarra en realidad ¿es un libro universal a la vez, está pasando en todas las ciudades lo mismo, todas se van pareciendo, tienen las mismas tiendas, van perdiendo su carácter y su diversidad?

Sí, tienes razón. Iruñea no es un caso aislado. Sus procesos urbanos, dinámicas de ocio, modos de consumo, usos del espacio y los incipientes procesos de gentrificación urbana son similares al resto de ciudades del mundo. En especial la deriva de sus cascos antiguos y la transformación de sus comercios tradicionales amenazados por franquicias u otras formas de venta global. En este sentido los centros de las ciudades, centros de saqueo para el capital, se homogenizan sin que haya diferencias entre Iruñea o Bilbo pues ves las mismas marcas, las mismas tiendas y casi hasta las mismas caras que te atienden. Por eso es importante resistir a estos procesos. ¿Será posible? Solo si clientes y tenderos luchamos juntas.