JAN. 31 2023 Frente a los dos Estados, uno y distópico Dabid LAZKANOITURBURU Sin descartar que haya tratado de convencer al golpista rais egipcio, Abdelfattah al-Sissi, para que medie ante Hamas y sus cohetes tras la sangrienta redada israelí en el campamento de Jenin, no se espera que Blinken lleve bajo el brazo en su visita mucho más que un llamamiento genérico a la calma, la condena, siempre asimétrica, del sangriento ataque palestino a la sinagoga de Jerusalén, y el mantra de la solución de los dos Estados. Cuando esta vieja iniciativa, que promulgaba dos Estados, israelí y palestino, yace muerta y enterrada desde hace tiempo. Por la negativa del Estado sionista a renunciar a Judea y Samaria (Cisjordania) y a dar viabilidad a un Estado palestino. Y, como corolario, por la propia incapacidad de una ANP totalmente desautorizada por la población palestina, que en 2007 dejó de ser nacional cuando tuvo que huir de Gaza tras un intento de golpe de Estado tras la victoria electoral de Hamas, y que ha perdido el poco control que Tel Aviv le dejaba sobre Cisjordania. Más allá de repartir los sueldos que recibe de manos de la ONU, la ANP asiste impotente al surgimiento de grupos armados como la «Guarida del León» de Naplusa y el Batallón de Balata, que acogen a una juventud indignada y a la que organizaciones como Fattah y sus Brigadas de los Mártires de Al Aqsa le dicen ya poco. Una juventud profundamente musulmana, pero que recela a su vez del islam político de Hamas o de Yihad Islámica. Una Yihad que gana a su vez presencia tanto en Cisjordania como en Gaza, aprovechando el desgaste de Hamas, y cuya presencia en Jenin fue la excusa para la masacre impune de la semana pasada. Y como eje de todo este círculo vicioso, el enésimo Gobierno Netanyahu, cada vez más escorado a la extrema derecha, y que prosigue con su plan de un solo Estado, esencialista, judío y sionista, y utiliza la indignación israelí ante atentados como el perpetrado contra la sinagoga para profundizar en la negación de derecho alguno, primero a los autores de atentados y ataques, luego a sus familias, y, finalmente, a toda la población palestina. Quienes advirtieron en su día que la solución de los dos Estados era una entelequia y apostaban por la utopía de un solo Estado con israelíes y palestinos no pensaban, seguro, que el sionismo iba a ser capaz engendrar un solo Estado que se asemeja cada vez más a una distopía. Para los palestinos y, al tiempo, para los propios israelíes. Se insiste en una idea, la de los dos Estados, muerta, y a la que está supliendo un solo Estado que parece cada vez más una distopía