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DE REOJO

Arroz amargo


El precio del arroz ha subido. El precio de la amargura ha bajado hasta niveles ínfimos. El amargante es muy apreciado para equilibrar el dulzor intrínseco del vermut. Existen algunas personas que parece que en vez de saliva tragan amargura. Por eso su rictus es tan agresivo. Por eso sus gestos acaparan infinitas capas de amargura. En una actriz trágica forma parte de su rol, en una política instalarse en ese lugar de la comunicación lleva a una encrucijada: nadie entiende los argumentos que introduce en su discurso para justificar el enésimo forcejeo más allá de toda coyuntura política.

No soy capaz de entender en su complejidad institucional o en su verborrea mitinera para una clientela volátil, lo que está buscando Junts como clave de fin. He dicho, y mantengo, que me es casi imposible descifrar la estrategia política de Carles Puigdemont. Ahora veo que es su abogado el que marca el rumbo. Seguro que es de común acuerdo. El freno temporal a la ley de amnistía me sitúa en el resquemor. En las últimas votaciones en el Congreso de los Diputados, tanto Podemos como Junts han votado a la par de PPVox. ¿Anécdotas o categorías?

El cansancio general sobre esta tensión partidista en la vida política no es bueno para nada ni nadie. Hay elecciones el mes próximo en Galicia, llegan las europeas y se pueden convocar en breve las de Euskadi y Catalunya. ¿A quién le interesa que se acabe de manera abrupta esta legislatura? Este arroz amargo puede ser una fórmula secreta: rebajar la tensión de la amnistía para estas elecciones convocadas y después retomar el asunto con otros datos.