JAN. 06 2025 DE REOJO Papá y mamá Raimundo FITERO Menudo día para ponerse a escarbar en un asunto que afecta a un pequeño grupo de nuestras conciudadanas. La noticia es que se ha creado la Asociación de Hijas e Hijos de Donante, compuesta por ochenta y tres personas y constituida en 2023. Personas que han descubierto que fueron concebidas por técnicas de reproducción asistida por donación de gametos y quieren saber sus orígenes genéticos. Y el asunto, colocado así en la agenda, parece algo simple, pero es de una complejidad legislativa tremenda. De tal manera que en Europa hay tres maneras de afrontar el asunto: los países que a partir de los dieciocho años conceden a los hijos e hijas la potestad de conocer a su padre o madre biológica, aquellos que lo niegan y otro grupo de países que depende de la voluntad del donante para que eso se conozca. Hace unas décadas unos familiares cercanos decidieron tener descendencia por este método y tuvieron que firmar una declaración jurada en la que aseguraban que en caso de divorcio no podían usar el ADN para resolver ningún conflicto. La casuística es bastante amplia. En la citada asociación, cuenta una de las afiliadas que encontró a un medio hermano con cinco meses de diferencia que había estudiado en el mismo pueblo. Podrían haber formada familia. En todo lo que tiene que ver con la identidad, los orígenes, eso que se va construyendo en nuestra cabeza, si la adopción crea un cierto desgarro que no siempre acaba bien, estas circunstancias deben provocar una inseguridad manifiesta. Y en última instancia, pero no menos importante, la herencia, no genética, sino pecuniaria.