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DE REOJO

De puntillas


Está de moda pasar de puntillas sobre asuntos que no se acaban de entender en su complejidad. Si hablan de aranceles como si hablasen de listas de hits de música, es lógico que la mayoría de la población se considere ajeno a todo lo que sucede. Ver a Trump en un despacho que parece estar en su avión presidencial, siguiendo con sus declaraciones y firmas, acaba formando parte de la mayor estafa que se ha producido nunca en términos absolutos, relativos y perifrásticos. Un prefabricado postureo imperialista.

La compra por parte del Ayuntamiento de Barcelona de un edificio donde se iban a producir unos desahucios se ha tratado con una actitud tan plana y epidémica que cuesta entender que sus propietarios han ganado en pocos meses tres millones de euros, lo que es un pelotazo inmobiliario de primera magnitud. De puntillas están pasando todos para informar de la subida de los precios de los pisos de venta. Están llegando a precios desorbitados y el número de operaciones crece de una manera asombrosa. Repito una vez más: el problema grave es que todos los partidos hablan de construir pisos de manera pública para su venta. Ese es el gran error, la trampa. En cuanto se venden a precio protegido son pisos privados. Los bancos encantados, quieren a la población hipotecada de por vida.

Lo magnífico, lo significativo, es ver a Abascal de puntillas entre otros dirigentes de los Patriots para parecer en la foto que es de la misma estatura. La metáfora es total y rotunda. No llega ni para estar a la altura con sus pares, los abanderados europeos de la extrema derecha negacionista y trumpista.