FEB. 11 2025 MARÍA CALLAS Visualmente una delicia, emocionalmente distante Gaizka IZAGIRRE HERNANI No esperen ver un biopic al uso; ‘‘María Callas’’ sigue la misma línea poco convencional de ‘‘Jackie’’ y ‘‘Spencer’’. Es la última propuesta de la trilogía de películas biográficas de Pablo Larraín, centradas en mujeres icónicas del siglo XX que enfrentaron una intensa presión debido a su exposición pública y el papel que debieron asumir. La película se centra en los últimos días de la cantante de ópera María Callas en París durante los años 70. Dos elementos sobresalientes definen la esencia del filme. Por un lado, el trabajo de Angelina Jolie; una interpretación sutil y depurada, en la que Jolie se diluye por completo logrando una actuación que no resulta inverosímil ni excesiva. Y por otro lado, la dirección artística y la fotografía: son exquisitas, una delicia. No obstante, esta atención a lo visual crea una barrera emocional entre el espectador y el personaje, haciendo que la narrativa se sienta muy fría. El guion, estructurado en tres actos y un epílogo, hilvanando escenas musicales que sirven como vehículo para el retrato de su protagonista, no ayuda demasiado. La combinación de flashbacks, los saltos al blanco y negro o la mezcla de formatos y secuencias oníricas funcionan muy bien al principio, pero terminan resultando excesivamente reiterativas. Con su ritmo pausado -aunque nunca tedioso-, “María Callas” acaba transmitiendo una sensación inesperadamente fría. Empatizamos con el personaje, pero la conexión emocional entre este y el público es muy distante, tal vez debido a su uso formal demasiado perfecto. En definitiva, ‘‘María Callas’’ es una obra que, aunque visualmente resulta impresionante y cuenta con una actuación destacada de Angelina Jolie, no logra profundizar en la complejidad de su protagonista.