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AFTERBURN (ZONA CERO)

Del desastre al espectáculo


Si creían que ya habían visto todo en películas de catástrofes y conspiraciones, “Afterburn (Zona cero)” llega para demostrarles que aún queda margen para el exceso. Entre explosiones imposibles, héroes que parecen inmortales y giros argumentales que desafían cualquier lógica, la película pretende convertir el desastre en puro entretenimiento.

Prepárense, porque la sinopsis se las trae: después de que una erupción solar de proporciones sin precedentes calcine el hemisferio oriental de la Tierra, la civilización global queda fracturada. Europa es ahora una zona muerta, sumida en la oscuridad radiactiva, plagada de ruinas, saqueadores y secretos olvidados.

En medio del caos, Dalton Kane, un cazatesoros a sueldo con fama de temerario y de no tener ningún interés en causas nobles, acepta una misión imposible: cruzar el océano y adentrarse en la zona cero para recuperar la reliquia artística más valiosa del viejo mundo, la Mona Lisa.

Dirige la película J.J. Perry, un director que no destaca precisamente por hacer películas con mucha profundidad emocional, ni por explorar nada más allá de la acción un tanto gratuita; una trayectoria centrada en explosiones, persecuciones y golpes.