OCT. 23 2025 LA HERMANASTRA FEA Entre princesas y mutilaciones Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Esta es una propuesta no apta para todos los estómagos. “La hermanastra fea” es una especie de reinterpretación visceral y perturbadora de la “Cenicienta”. Ambientada en el siglo XIX, la película sigue a Elvira, una joven que, presionada por su madre Rebekka, se somete a dolorosos procedimientos estéticos para ganar la atención del príncipe Julián. Aquí los zapatos de cristal duelen y mucho. En los momentos más crudos de la cinta resulta imposible no pensar en cineastas como Coralie Fargeat o Julia Ducournau. El filme se sumerge sin piedad en el “body horror”: cirugías, deformaciones y transformaciones corporales mostradas con una crudeza que incomoda, pero que también obliga a reflexionar sobre la objetificación femenina. La película expone, sin rodeos, la violencia del “mirar masculino”, donde las mujeres son contempladas como meros objetos de deseo. Los paralelismos con la brutal “La sustancia” son inevitables. Ambas películas utilizan el “body horror” como herramienta narrativa para explorar la identidad, el sufrimiento y la resistencia femenina en un mundo obsesionado por medir, evaluar y valorar el cuerpo. Trajes de fantasía conviven con cuerpos deformados y prótesis grotescas para crear un cuento medieval muy retorcido. Su humor negro y físico funciona, aunque hacia el tramo final la película cae en la reiteración, como si pensara que la acumulación de violencia gráfica por sí sola bastara para mantener la historia. Cada escena golpea al principio, pero luego abusa de sus propios recursos y el ritmo se desinfla. “La hermanastra fea” es, por tanto, un auténtico festín visual y perturbador que impresiona y descoloca al espectador, con un mensaje necesario y potente, pero que en su recta final se pierde en su propio exceso.