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DE REOJO

El fúrbol más ignominioso


El fútbol es un juego que unos cuantos se empeñaron en convertir en deporte y que ahora mismo es un negocio que se manifiesta como la expresión más cafre del capitalismo feroz. El dinero manda. Y manda mal. La atención prestada por los regímenes árabes a este foco de propaganda de trascendencia popular ha hecho variar en pocos años la estructura internacional. Los petrodólares tienen mucho poderío y consiguieron acaparar eventos deportivos importantes y campeonatos del mundo a temperaturas imposibles. Se mueve tanto dinero de todos los colores, que la historia de los últimos directivos de la FIFA, que es la que rige el cotarro por encima de continentes, es que acabaron siendo acusados de corrupción. Es como si se diera por sentado que todas las decisiones que se toman en las alturas vienen inspiradas por empujones de dinero para algún evento y para quienes lo propician.

La tarde-noche del viernes vivimos uno de esos momentos vergonzantes que ensucian más de lo permisible la supuesta neutralidad de esa organización propietaria de los derechos de la Copa Su presidente, Gianni Infantino, es un personaje muy conocido por sus ambiciones y ambigüedades, pero en Washington acabó con ellas y se inventó el Premio de la Paz que entregó en el acto oficial a Trump. Lo más delirante es que es un mundial que se organiza en Canadá, EEUU y México y acabó pareciendo que se traba de un asunto personal del dictador del pelo anaranjado. ¿Habrá exigido que gane alguien en concreto? Estamos ante la versión más ignominiosa del fútbol. Un grave síntoma de deterioro.