JAN. 13 2026 JOPUNTUA Soledades César MANZANOS Doctor en Sociología {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Hay quien goza de la infinita fortuna de compartir la vida cotidiana con una persona solitaria porque esta ama por elección, no por necesitar compañía. El habitual drama humano es habitar en un tipo de soledad que consiste en estar con alguien por no saber estar consigo misma. Pero no experimentamos un único tipo de soledad, más bien tenemos en nuestro haber cotidiano o en momentos diferentes de la vida «soledades». Unas se refieren a la sensación de no poder estar con quien o quienes amamos. Otras, a la sensación de compartir la vida con quienes no deseamos. En otros casos, a la sensación de incomunicación con quienes vivimos. Todas estas soledades no tienen nada que ver con el hecho de estar sola, sino con la ausencia del o en el otro. Por eso, aprender a vivir teniendo una relación íntima consigo misma, ser tu propia pareja, dota a una persona de la capacidad de desterrar la sensación de esa soledad que nos produce angustia, ansiedad u otras emociones asfixiantes que generan malestar. Otras soledades guardan relación con la libertad de elección. No existen dos soledades: la elegida y la impuesta. Elegimos la soledad no como resultado de una decisión personal, sino como un mecanismo de supervivencia y de equilibrio emocional cuando percibimos que, si no lo hacemos, somos esclavos de la dependencia de los demás, y nos aporta más refugiarnos en nosotras mismas, aun a riesgo de hacernos autodependientes y un tanto antisociales. Por tanto, esa elección es en cierto modo una imposición. Un ejemplo de ello es la experiencia de las personas encarceladas, quienes a menudo expresan que prefieren estar solas en una celda a tener que convivir con alguien que no han elegido, y que el riesgo de enloquecer es mayor cuando no se tiene intimidad y autonomía. Liberarse es aprender a vivir en soledad, desprenderse de lo que acompaña a la sensación de ausencia que no es sino la presencia del otro a través de recuerdos, desencuentros o deseos irrealizables. Sin lugar a dudas, la persona más sociable es aquella que es feliz estando sola. Unas se refieren a la sensación de no poder estar con quien o quienes amamos. Otras, a la sensación de compartir la vida con quienes no deseamos