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LA LEYENDA DE OCHI

Entre fantasía y clichés


Sí, “La leyende de Ochi” reúne algunos elementos muy familiares para el público: un personaje infantil solitario, el descubrimiento de un ser fantástico y la peculiar relación que se establece entre ambos. Es casi inevitable que acudan a la memoria referentes como “Lilo & Stitch”, “Gremlins” o “E.T.”. Sin embargo, la película de Isaiah Saxon presenta un tono ligeramente distinto y un guion mucho más endeble, que solo funciona de manera intermitente.

La historia se sitúa en una aldea remota de la isla de Carpatia, donde Yuri, una joven campesina tímida y retraída, ha sido educada en el temor hacia los Ochi, una especie esquiva y demonizada por la tradición local. Cuando descubre que una cría herida ha sido abandonada, Yuri emprende un viaje para devolverla a su hogar. En su formulación más elemental, el relato se inscribe en el clásico arquetipo del «viaje del héroe».

La película arranca con un prólogo sugerente, pero a medida que avanza el relato se encamina hacia una senda excesivamente predecible, incapaz de renovar o aportar nada nuevo de los modelos que toma como referencia.

El verdadero lastre se encuentra en su guion. La película nunca alcanza la emoción, el ritmo ni la profundidad en la construcción de personajes que lograron sus referentes más ilustres. El tercer acto, en particular, se resiente de una acumulación de clichés y lugares comunes del género.

Nada de esto impide, sin embargo, que “La leyenda de Ochi” se erija como una experiencia visual de notable atractivo. Los paisajes de los Cárpatos, filmados con una belleza casi pictórica, las criaturas animatrónicas y una dirección artística que oscila con acierto entre el cuento de hadas y la pesadilla rural conforman un universo estético con personalidad.