FEB. 04 2026 FRANZ KAFKA Kafka sin manual de instrucciones Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Agnieszka Holland se aproxima a Franz Kafka evitando el museo de cera del biopic académico y aburrido. Esquiva con astucia el retrato convencional y se concede una libertad formal poco frecuente dentro del corsé habitual del género. La película se organiza como un artefacto fragmentado, un collage narrativo que salta entre épocas y puntos de vista sin preocuparse por la linealidad. Desde la Praga de finales del siglo XIX hasta la Viena de la posguerra, “Franz Kafka” no reconstruye una biografía paso a paso, sino que persigue rastros, ecos y obsesiones; menos interesada en el mito que en el hombre que nunca terminó de encajar en él. Más que relatar su vida, el film se pregunta qué hacemos con ella una vez que el autor ha sido canonizado. Holland pone el foco en el Kafka convertido en objeto cultural, en mercancía intelectual, en figura interpretada hasta el agotamiento, y utiliza el cine para cuestionar esa apropiación póstuma. El mosaico narrativo funciona, pero la apuesta juega también en su contra: la película pierde ritmo en su tramo intermedio, empapado de la angustia vital del escritor, y acaba por resultar algo repetitiva tras la frescura inicial. A ratos, la película se dispersa, se vuelve excesivamente conceptual o se enreda en decisiones formales que generan confusión. Pero incluso en esos desvíos se agradece el riesgo: la directora prefiere errar antes que plegarse a los moldes previsibles del biopic. Holland apuesta por un cine que piensa y hace pensar, que no ofrece todo mascado al espectador. Es una propuesta arriesgada, seguramente divisiva, pero atravesada por una energía creativa que la vuelve interesante.