FEB. 06 2026 SEND HELP Risas, gore y jefes insoportables Gaizka IZAGIRRE HERNANI {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Sam Raimi vuelve a hacer lo que mejor sabe: meter el dedo en la llaga, girarlo y carcajearse mientras la sangre salpica las paredes y la propia pantalla. “Send Help (Enviad ayuda)” es otro de esos ejercicios en los que el director demuestra que sigue moviéndose con absoluta comodidad en la intersección entre el terror, el gore, la comedia negra y el exceso. Podría continuar hablándoles de la mezcla de tonos del film, aunque pronto queda claro que las etiquetas se le quedan cortas. La historia sigue a Linda Liddle (Rachel McAdams) y Bradley Preston (Dylan O’Brien), dos compañeros de trabajo que sobreviven a un accidente aéreo y acaban atrapados en una isla desierta. Ella es la empleada competente y sistemáticamente ninguneada; él, el jefe engreído, pijo y mandón. Olvídense de la típica película de supervivencia, lo que propone Raimi aquí es un experimento de resistencia moral que obliga al público a reírse y estremecerse en el mismo plano. En el fondo, es una tragicomedia negrísima que utiliza el género para disparar en varias direcciones a la vez y que, de paso, también funciona como una sátira feroz sobre los abusos laborales, el machismo estructural y la lucha de clases. Pero no todo encaja con la misma precisión. El guion se empeña en acumular giros y no todos sobreviven a la (i)lógica interna del relato. En su tramo final, la película pierde parte de su contundencia inicial y sacrifica la poca coherencia que le queda en el altar del exceso. Con sus virtudes y sus desmanes, la película es una prueba de que, sin renunciar a un espíritu lúdico y gamberro, el cine de género todavía puede ser un espacio para la crítica social, el riesgo formal y un tipo de entretenimiento que no tiene ningún interés en caerle bien a todo el mundo.