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SAN SIRO, CALIENTA QUE SALES

La situación del estadio Giuseppe Meazza, donde se va a celebrar la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina por todo lo alto hoy mismo, es un tanto increíble. Y es que dentro de pocos años el estadio va a ser derribado para reformar toda la zona, en el marco de una especulación galopante.

El estadio de San Siro, con sus doce icónicas torres a la vista, es el escenario elegido para celebrar la ceremonia de inauguración que pone hoy en marcha los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026. (Tetsu JOKO | AFP PHOTO)

Los ojos del mundo entero estarán hoy mirando al estadio Giuseppe Meazza en San Siro, Milán, que acogerá la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos invernales que la capital lombarda organiza junto a Cortina d’Ampezzo, “La perla de las Dolomitas”.

Todo majestuoso, digno de “La Scala del calcio”, como se llama informalmente a este pedazo de estructura que en las noches de gala puede acoger a unos 85.000 espectadores, normalmente para los partidos de fútbol del AC Milan, del Inter y tal vez de la selección italiana de fútbol.

Una expresión de belleza y fortaleza que podría ser una de las últimas para un estadio que, en función de los objetivos de quienes lo usan, los dos equipos de la ciudad, deberá ser demolido para construir otro parecido, justo allí al lado. Sin duda, una de las paradojas más contundentes de una ciudad que es un himno al capitalismo y a la especulación.

Lo digo enseguida como milanés y exsocio del Milan, y como alguien que también ha utilizado San Siro como aficionado a la música, porque allí además se celebran conciertos: como Santo Tomás con Jesús, hasta que no lo vea, no lo creo.

RECALIFICAR EL ÁREA

Es cierto que los tratos entre los clubes y el Ayuntamiento están hechos, que hubo apretón (virtual) de manos a cambio de 200 millones de euros pagados a la ciudad, y que dentro de pocos meses se empezará a desarrollar el nuevo proyecto.

Sin embargo, pensar que uno de los eventos deportivos más importantes en Italia del último medio siglo, junto con los Juegos invernales de 2006 en Turín, tenga a su teatro de la inauguración con fecha de caducidad es bastante curioso.

Aún más curiosa es la niebla informativa sobre el hecho, después de una década de especulaciones coincidentes con el abandono de Milan e Inter por parte de sus históricos presidentes, Silvio Berlusconi y Massimo Moratti. Más que presidentes, mecenas, cuyo interés era sobre todo el panem et circenses; es decir, hacer soñar a la afición a través de grandes operaciones de mercado, para luego arreglar las cuentas y los balances con cheques robustos firmados personalmente.

Se habla de 2027 como inicio de los trabajos del nuevo San Siro, que tendrá una capacidad de 71.000-72.000 espectadores bajo la supervisión de los dos arquitectos-estrella: Norman Foster (el mismo del metro de Bilbo, la ampliación del Bellas Artes...) y David Manica. Un proyecto que tendrá también 43.000 metros cuadrados destinados a unos despachos, 20.000 metros cuadrados para un hotel, 15.000 metros cuadrados entre parkings, tiendas, restaurantes y la reubicación del museo del Milan y del Inter, que ahora mismo se encuentra dentro del estadio...

Se añade que a partir de 2031 empezarán las obras de “destrucción” del tercer anillo (creado para el Mundial de Italia ’90 y ejemplo palmario de corrupción), bajando hasta el césped. Mientras, los dos equipos deberían jugar en un estadio ya listo para desaparecer en un barrio donde los precios de los pisos, ya altos, irán disparándose hasta los 15.000 euros por metro cuadrado, según las proyecciones.

OBJETIVO 2032

Ya se verá. Desde que los dueños de Milan e Inter son fondos de inversión norteamericanos (los rossoneri llegaron primero con la propiedad “made in USA”, mientras que los nerazzurri antes estaban bajo bandera china) el runrún sobre toda esta parafernalia especulativa se amontona.

El Milan iba a hacer su propio estadio, dejando al Inter en San Siro; luego no. El Inter también optaba por su proyecto propio, igual fuera del territorio de la ciudad de Milán, en ciudades-dormitorio tipo Sesto San Giovanni o San Donato Milanese, donde el precio del metro cuadrado es mucho más bajo.

Se ha leído y oído de todo. Hasta el cierre del trato, el pasado septiembre después de un larguísimo proceso con sesiones día y noche, debates infinitos entre los clubes, el Ayuntamiento y los representantes de los diferentes partidos en la asamblea. Y todo teniendo en el horizonte estos Juegos Olímpicos que se presentaban por un lado como gran oportunidad para Milán y, a su vez, como una especie de obstáculo que iba a ralentizar la operación de destrucción del viejo San Siro.

Es un secreto a voces que de cara a la Eurocopa de fútbol de 2032 Italia (organizadora junto a Turquía) quiere presentar estadios “frescos”; por lo menos más modernos que los actuales, muchos de los cuales no tienen ya décadas sino todo un siglo. Entre ellos, el mismo San Siro, que nació en 1925 y que parece destinado a no llegar a la fecha, salvo milagros o decisiones de algún tribunal.

La ciudad, acostumbrada a cualquier tipo de especulación y a las investigaciones judiciales sobre cómo se adjudican estos trabajos, se despierta en un eterno día de la marmota, sabiendo con certeza que San Siro antes o después no estará en el mapa, aunque sea considerado ya más un monumento y un símbolo que un simple sitio donde ver espectáculos.

De momento, acogerá la ceremonia de inauguración de los Juegos (la de clausura será en la Arena de Verona). Y muchos esperan que este gigante en piedra, con sus tres anillos y las 12 torres que llevan a los espectadores a sus asientos, con las placas que recuerdan los trofeos ganados por Milan e Inter, con la llegada en tranvía desde el centro con el número 16 en la Plaza Axum, produzca un último milagro.