FEB. 23 2026 EDITORIALA Ante la narrativa sionista, presión a los gobernantes {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} La actitud de Israel con respecto a periodistas u observadores de cualquier tipo en Gaza, extendida a organizaciones humanitarias, incluso de Naciones Unidas, obedece al afán de acallar y deslegitimar toda denuncia de violación de derechos en aquel territorio. Ese afán ha guiado los constantes ataques a la Relatora Especial de la ONU para los territorios palestinos, Francesca Albanese. En ese intento de deslegitimación, que persigue la propia legitimación, Israel no está solo, sino que además de la la ayuda incondicional de Estados Unidos, tiene la de la UE, y el último ejemplo es la petición de dimisión de Albanese por parte de varios países europeos. En Gaza rige un acuerdo llamado plan de paz que Israel no solo no ha respetado, sino que además ha utilizado para continuar el genocidio, esperando que la ciudadanía abandone la solidaridad con Palestina y los estados, su tibia presión. Israel no solo busca su blanqueamiento, sino también su promoción por medio del soft power, un concepto que consiste en utilizar el deporte, la cultura y la diplomacia con el fin de influir en la actitud de otros países mediante una narrativa, que Occidente ha hecho suya, para justificar las mayores atrocidades, apelando al «derecho a defenderse» o a los ataques del «antisemitismo» a «la única democracia de Oriente Próximo». Un ejemplo reciente es lo ocurrido en la Berlinale, en cuya inauguración el presidente del jurado, Wim Wenders, trató de justificar el silencio ante el genocidio en Gaza, para agrado de la principal fuente de financiación del festival, a saber, el Gobierno alemán. En 2023 sin ir más lejos, el festival vetó a las empresas y medios con vínculos con los gobiernos de Irán y de Rusia; el pasado jueves, el cineasta alemán sostuvo: «No debemos meternos en política», lo que dicho por el presidente del jurado de un festival caracterizado por su implicación en temas políticos, no es sino pura hipocresía. Algunas consecuencias de esa estrategia promocional tan usada por Israel se han manifestado en numerosos países en forma de represión policial y judicial contra la denuncia del genocidio. De ahí la necesidad de no aflojar la presión a los gobernantes al respecto.