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DE REOJO

Un plan global


Nadie hablará de los sabrosos almuerzos sin miedo al colesterol que fueron fundamentando nuestra idea de la felicidad. En ese afán reduccionista de empaquetar cualquier cosa en listas dicen que los ciudadanos más felices son los de Finlandia. Lo he visto enunciado peor, dicen que el país más feliz es Finlandia. Las listas siempre conllevan subjetividades y publicidades encubiertas que no ayudan, precisamente, a hacerse una idea del detalle, que es donde está el diablo.

Las guerras que nos entretienen cambian de intensidad a base de olvidos informativos y ventas de calmantes. Pero los planes generales y globales de instaurar globalmente la reacción, las dictaduras blandas y duras, pero siempre de extrema derecha, no cesa. Y diría que están triunfando de una manera sutil, paulatina y sin pararse en gastos. Por mucho que el narcisista Trump intente capitalizar todo este asunto, es un simple muñeco ejecutor, con pocas ideas propias y muchos desgarros neuronales en sus promotores. A Ubú le va muy bien, ha ganado muchos millones en estos meses de presidencia, pero lo importante es que cumpla la hoja de ruta que le han marcado de manera explícita desde el Gran Poder Universal.

Cuando se ve a Bukele siempre sonriente convirtiendo El Salvador en una prisión aterradora, a Noboa en Ecuador vendiendo el país a sus clientes del narcotráfico, al insólito mequetrefe dopado de Milei haciendo el ridículo a destajo y dejando a Argentina como un erial, por no mencionar a otros más cercanos, no cuesta mucho pensar que existe una estrategia, un plan, para que suceda. Y ese plan se paga en dólares.