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DE REOJO

El relámpago chino


El hombre más rápido corriendo los veintiún kilómetros de la media maratón es un ugandés que empleó cincuenta y siete minutos y veinte segundos. En cambio, el robot humanoide chino de nombre Shandian (relámpago) la cubrió hace muy poco en cuarenta y ocho minutos y diecinueve segundos. En la periferia de Pekín realizan carreras en las que por un lado corren humanos y por el otro, separados por una valla, robots androides. La superación de los mecanismos androides es sorprendente y coloca a la ingeniería tecnológica china en un lugar preeminente en el mundo. Esos robots con piernas finas y brazos muy encrastados en el cuerpo funcionan de manera autónoma o teledirigidos. El campeón fue uno teledirigido, pero llegaron varios autónomos con tiempos mejores que el más rápido de los atletas chinos. Hace muy poco vimos una exhibición de gimnasia de una docena de robots que nos dejó a todos atónitos por su precisión y dinamismo, especialmente al comprobar la evolución positiva de estos androides en unos pocos meses, que los habíamos visto haciendo lo mismo, pero de manera mucho más torpe. O sea, esta realidad avanza de una manera imparable.

Los estudios prospectivos sobre las funciones que estos androides podrán desarrollar en ámbitos más cercanos al cuidado, la restauración o el ejército están sin definir, pero no hace falta entrar en muchos delirios imaginativos para comprender que, si la robótica ya es parte fundamental de la industria manufacturera, el crecimiento de estos androides nos lleva al infinito. Y será a la velocidad de un relámpago.