APR. 21 2026 RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN MUNDIAL Palantir y el evangelio del nuevo poder tecnológico La empresa de Peter Thiel y Alex Karp, que procesa datos para el Pentágono y una decena de Gobiernos, ha publicado un manifiesto de 22 puntos resumiendo el libro de su CEO. Tras el lenguaje de defensa de Occidente se esconde una hoja de ruta para que los tecnoligarcas sustituyan al Estado y reescriban las reglas de este siglo. A la izquierda, Donald Trump y Peter Thiel en 2016. A la derecha, Alex Carp, durante una conferencia de este año. (Drew ANGERER- Jemal COUNTESS | AFP) Ibai AZPARREN {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Palantir Technologies, la compañía que recibió financiación de la CIA para construir software de «contraterrorismo», se ha convertido en la columna vertebral del Ejecutivo estadounidense en materia policial, militar y de vigilancia. Sus sistemas procesan una ingente cantidad de datos para eliminar objetivos militares y civiles en Teherán o la Franja de Gaza, gestionan deportaciones del ICE en Minneapolis y, desde este fin de semana, nos explica al resto del mundo por qué todo eso es moralmente necesario. A través de su cuenta en X, la empresa de Peter Thiel ha publicado un texto de 22 puntos bajo el irónico título “Porque nos lo han preguntado mucho”. A continuación, la compañía resume “The Technological Republic”, el libro de su CEO, Alexander Karp, y de Nicholas Zamiska, que lleva semanas en la lista de libros más vendidos de “The New York Times”. Se trata de un manifiesto político-tecnológico, casi civilizacional, donde Palantir usa el lenguaje de la defensa de Occidente para liquidar lo poco que queda de democracia y control ciudadano sobre quienes tienen el poder de matar, deportar y vigilar. En realidad, no es nada nuevo. Durante años, Thiel y Karp operaron desde la sombra, firmando contratos milmillonarios con Gobiernos y redefiniendo las guerras modernas, sin que casi nadie supiera pronunciar el nombre de su empresa. Lo que ha cambiado es que, desde la llegada de Donald Trump, ya no esconden su deseo de edificar un Estado-corporación basado en la vigilancia de masas. Pero antes de saber cómo piensan, conviene entender qué es Palantir y cómo opera. DE PAYPAL A PALANTIR Para el nombre de la empresa, Thiel tomó la idea de las piedras vivientes palantir que aparecen en la novela “El señor de los anillos” de J. R. R. Tolkien. Estos objetos sirven para ver la realidad, pero también para distorsionarla e imponer visiones selectivas. Desde luego, una clara declaración de intenciones. Cabe deducir, por tanto, que Palantir no fabrica drones ni misiles. El año pasado, el Pentágono estadounidense selló un histórico acuerdo con la compañía por un valor de hasta 10.000 millones de dólares para analizar datos militares mediante IA. Además de EEUU y, sobre todo, Israel, la empresa opera en la mayoría de países occidentales. De hecho, el Ministerio español de Defensa contrató a la compañía de Thiel y Karp hace dos años por 16,5 millones de euros con el objetivo de instalar su software de inteligencia militar. En el Estado francés, la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI) lleva años renovando su contrato con Palantir. «Palantir está aquí para asustar... y cuando sea necesario, para matar al servicio de Occidente y de EEUU», ha llegado a explicar Karp sin rubor alguno. Este exliberal, hijo de un pediatra judío y de una artista afroamericana, es la cara visible de la compañía, mientras que la sombra que se proyecta detrás de este excéntrico multimillonario que practica tai chi se llama Peter Thiel. Este inversor de capital riesgo es a su vez la persona más poderosa de la industria tecnológica emergente. De origen alemán, fundó junto a Elon Musk la startup PayPal, y tras su venta a Ebay, invirtió ese dinero en crear Palantir Technologies, pero también en Facebook y Founders Fund, el fondo detrás de Airbnb, Lyft y Spotify. Tanto Thiel como Musk forman parte de la denominada PayPal Mafia, un círculo de tecnoligarcas que tuvieron participaciones en Paypal y que tras su venta emprendieron proyectos que han transformado el ecosistema tecnológico global. Son los rostros detrás de empresas como YouTube, LinkedIn, Tesla o SpaceX que piensan que el Estado es inferior a este entramado de poder tecnológico. Hoy, más de una docena de personas vinculadas a Thiel tienen cargo en la Administración Trump. JD Vance, por ejemplo, seguiría vendiendo novelas autobiográficas en Ohio si no fuera por el dinero de Thiel. MAVEN Palantir ha sido criticada por grupos en defensa de los derechos civiles por dar acceso a Gobiernos a poderosas herramientas de vigilancia. Lo que hace es conectar, por ejemplo, datos fiscales, movimientos en redes sociales e imágenes de cámaras que leyeron una matrícula esta mañana. Por separado, con esos datos es difícl de trazar un perfil concreto. Juntos, puede destruir varias vidas. Así, su programa Gotham transforma todos esos datos en una «red fluida de inteligencia y vigilancia», según explicó la académica Nicole Bennet en una columna del portal “The Conversation”. Otra plataforma, ImmigrationOS, creada prácticamente para el ICE, integra desde pasaportes a registros médicos en un único sistema que sigue al migrante desde que es identificado hasta su deportación. Según la revista “The Atlantic”, a través de DOGE, creada durante el mandato de Trump y en torno a Musk para «terminar con el despilfarro público», se ha reforzado la tendencia a unificar estos datos. No parece una coincidencia teniendo en cuenta que varios de los técnicos que llegaron a las agencias federales con DOGE eran exempleados de Palantir. Fuera de las fronteras de EEUU, el proyecto Maven ha sido la joya de la corona de Palantir. Según Karp, el mundo se divide ahora en dos: quienes poseen esta tecnología y quienes no. El director del Wadhwani AI Center, Aalok Mehta, eplica que Maven analiza transmisiones satelitales de alta velocidad para detectar movimiento o identificar objetivos, al tiempo que «crea una imagen en tiempo real del teatro de operaciones» para que, por ahora, un humano determine «el mejor plan de ataque». Maven y sistemas similares se han probado en Siria, Irak, Yemen, Ucrania y, más recientemente, en Irán. En realidad, Google fue el proveedor inicial de Maven, pero después de la renuncia de varios ingenieros, la compañía se negó a renovar el contrato por las vinculaciones militares y Palantir recogió el guante. No obstante, Google ha intentado volver a la industria militar después del giro autoritario que han emprendido varias compañías de Sillicon Valley. Precisamente, el Departamento de Guerra se encuentra inmerso en un periodo de transición de seis meses para dejar de usar la tecnología de la compañía Anthropic. Dario Amodei, su CEO, ya sea por ética o por cálculo económico, se negó a permitir el uso de su herramienta de IA Claude en armas totalmente autónomas o en vigilancia masiva (siempre que esta se dirigiera contra ciudadanos estadounidenses). De este modo, la única empresa de IA que puso límites a Trump fue la única expulsada del Departamento de Guerra. El día después de que el Pentágono anunciara el nuevo acuerdo con OpenAI, la aplicación de Claude superó a ChatGPT en el App Store de Apple por primera vez en su historia. EL MANIFIESTO Llegados a este punto, el manifiesto publicado por Palantir debería sorprender poco si no fuera por su intención de transferir soberanía desde instituciones públicas hacia firmas privadas. En los primeros puntos, Palantir afirma que Silicon Valley tiene una deuda moral con EEUU y, por tanto, debe participar mediante tecnología en su defensa. Remarca incluso que debe entrar en la lucha contra el crimen violento en ciudades estadounidenses, justo el tipo de despliegue de vigilancia masiva que Palantir ya vende. Así, afirma que las armas basadas en IA son inevitables y que la única cuestión es quién las construye primero. La IA y el software serán, por tanto, los elementos disuasorios por excelencia de este siglo en detrimento de las armas nucleares, añade. El manifesto argumenta que la neutralización de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial debe revertirse, cuestionando décadas de arquitectura de seguridad construida precisamente para evitar otra catástrofe y apostando por nuevos mercados en Berlín y Tokio. Asimismo, afirma que hay que tolerar más a las figuras públicas y dejar de escrutar sus vidas privadas, lo que protege a una clase política cada vez más alineada con estos intereses. A esto se suma la propuesta por un servicio militar universal obligatorio que redistribuye el coste humano de la guerra mientras el coste económico sigue yendo a los mismos contratistas. Para rematar, sentencia que «algunas culturas han producido avances vitales, otras siguen siendo disfuncionales», y descarta el pluralismo inclusivo como algo «vacío y hueco». Lo que arranca como un argumento de negocio acaba siendo una jerarquía civilizacional explícita, firmada por la empresa cuyos sistemas de IA deciden a quién se deporta, a quién se vigila y, en Teherán o Gaza, a quién se mata. Es, sin siquiera mencionarla, la tesis de la Ilustración Oscura de Curtis Yarvin y Nick Land, esa corriente en la que se apoyan los tecnoligarcas y que defiende que las sociedades deberían funcionar como corporaciones gobernadas por élites tecnocráticas, y que conecta directamente con lo que el propio Thiel escribió en 2009: «La libertad y la democracia ya no son compatibles».