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Un gran siglo veinte


En Madrid hay dos teatros municipales en los que sus directores al hacerse cargo manifestaron que una de sus prioridades sería rescatar a los autores del siglo pasado, una nómina realmente importante con varias etapas significativas en la historia universal de la literatura dramática. Por encima, hay textos importantes de Miller, Williams, la generación airada británica, Koltés, Brecht, Weis, Bernhardt, Pinter, Ionesco, Becket, Valle Inclán, García Lorca, Benavente, Lauro Olmo o Buero Vallejo entre otros. De muchos de ellos ha habido aproximaciones, pero parece que no se acuerdan de Alfonso Sastre. Es como si hubiera desaparecido de todos los radares de la academia, la producción o la profesión. Como si su extensa obra dramática se hubiera escondido en una cueva profunda. Si Alfonso se quejó del olvido al que le sometieron en vida por motivos ideológicos, parece que su defunción ha ayudado a hacer ese olvido crónico, pese a tener algunas de las obras más importantes del teatro en español del siglo veinte, con algún éxito de público incluido como “La Taberna Fantástica”. Parece una deliberada segunda muerte. No existe, han borrado sus huellas porque nadie quiere valorarlo de manera artística. Hay demasiados prejuicios por su compromiso político. Algo habrá que hacer.