JUL. 11 2026 DE REOJO Fascinaciones atávicas Raimundo FITERO {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Despertarse con la noticia de una docena de muertos en un incendio en Almería es una manera de refundar los amaneceres con sobresalto policial, jurídico, accidental o erótico. La urgencia mingitoria se traslada de inmediato a una pantalla que nos va dando imágenes en bucle y declaraciones que mezclan la información reiterada y las letanías y salmos mil veces expresados durante décadas. Los relatos pasan, las circunstancias se vuelven perlas adheridas a una realidad construida desde el desespero y la caótica diseminación del turismo esencialista, pero lo que de inmediato nos atrapa es el hipnotismo de las llamas y, cuando a veces hasta se escucha el sonido de esos rastrojos enfurecidos, llegamos a un éxtasis imposible de convalidar ante una confesión terapéutica. El que no podamos retirarnos de ver esas magnificentes imágenes de la naturaleza expresándose con máxima contundencia forma parte de nuestra conexión atávica con nuestro origen más allá de los tiempos liberados de censura. El fuego forma parte de nuestra esencia más íntima y, a la vez, más social. Un fuego en un campamento de verano es una seña de identidad sentimental que se acumula junto al olor de una brasa regada con la grasa de un kabratxo, y así hasta llegar a la sublimación de prender fuego a una falla valenciana. Con todo eso debemos contar a la hora de opinar sobre un incendio forestal letal y devastador. No importa la chispa originaria, lo importante es el sistema y los recursos de prevención y extinción. Y saber que nuestro voto previene o agranda estos incendios.