AUG. 31 2026 GAURKOA Cooperativizar/humanizar Euskadi Juan Manuel SINDE Presidente de Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa y socio colaborador de Laboral Kutxa {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Este año se cumplen 50 años del fallecimiento de Arizmendiarrieta, ideólogo y líder indiscutible de la denominada Experiencia Cooperativa de Mondragon, que ha devenido en tres Grupos cooperativos (Mondragon, Ulma y Orona) y varias cooperativas independientes (Irizar, Ampo, RPK...) que suman más de 85.000 empleos y facturan más de 14.000 millones de euros anuales. Momento, quizás, adecuado para hacer balance del pasado y, como subraya el papa Francisco, iniciar procesos de cara al futuro. En ese sentido, partiendo de una experiencia personal derivada de mi incorporación hace 51 años a Caja Laboral (entonces cabeza de un grupo de cooperativas que sumaban algo menos de 15.000 personas), en el curso de formación inicial un entusiasta cooperativista nos explicó lo que ahora definiríamos como el propósito del grupo, que era ni más ni menos que «cooperativizar Euskadi» (lo que se complementaría, en su idealista opinión, con la nacionalización de las grandes empresas energéticas y bancarias, imposibles de cooperativizar). El crecimiento cooperativo desde entonces ha sido espectacular, siendo el País Vasco uno de los ejemplos paradigmáticos en el mundo del desarrollo de dicha fórmula, de gran prestigio entre nosotros, agrupando Konfekoop ya a 1.432 cooperativas de la CAV, con más de 63.000 empleos directos. La actividad, con todo, se concentra en las zonas en las que la cultura tradicional vasca está más presente, ya que el 45% de las cooperativas están en Gipuzkoa, mientras que en Bizkaia las más importantes se concentran en el Gernikesado, Lea Artibai y Arratia. Siendo especialmente relevante el caso de la comarca de Debagoiena, en la que casi el 50% de los empleos se dan en empresas de la economía social. Con todo, este fantástico desarrollo empresarial no ha estado exento de tensiones, ya que la incorporación del Estado español al mercado común europeo dificultó en gran medida la creación de nuevas cooperativas (cuya competitividad se apoyaba en los aranceles proteccionistas entonces existentes) y, por otro lado, la supervisión por el Banco de España de Caja Laboral impidió seguir canalizando los ahorros captados para financiar un número relativamente exiguo de empresas, con las que exigió tener unos criterios de riesgo homologables en el sector. Así, a la vez que se constata hoy en día la extraordinaria capacidad de las cooperativas entonces creadas para adaptarse a los sucesivos cambios en los mercados internacionales, se constata, asimismo, la necesidad de utilizar fórmulas jurídicas convencionales para su desarrollo empresarial ante un mundo y unos mercados que han cambiado sustancialmente desde entonces. De tal forma que hoy, aproximadamente el 50% de los puestos de trabajo creados por las cooperativas lo son por cuenta ajena, modalidad que ha supuesto una proporción del 75%-80% de los promovidos en los últimos 40 años. ¿Supondrían estos datos una cierta decepción a los ideales humanistas de nuestro fundador y a su propósito inicial? Ciertamente, la pregunta merecería un análisis en profundidad de las diferentes realidades empresariales promovidas tanto en el País Vasco como en el exterior. Análisis, que, además, debería estar más centrado en los sistemas de gestión desplegados en cada caso y su coherencia con los valores humanistas que proclamamos que en las fórmulas jurídicas aplicadas (recordemos que el principio cooperativo de que «el capital debe estar subordinado al trabajo» plantea un problema irresoluble para las cooperativas que quieran utilizar dicha fórmula jurídica para crear empresas fuera de su ámbito geográfico sobre las que tengan un control de su estrategia y de las que puedan obtener un retorno proporcional a la inversión realizada). Por otro lado, tal como subraya Javier Retegui, el propio don José María indicaba que «no puede considerarse el cooperativismo como una meta, sino como un medio, un esfuerzo hacia una sociedad verdaderamente democrática, dinámica y fecunda». Desde otro punto de vista, Alessandra Smerilli, cercana al Papa León XIV y una de las personas más influyentes en la Iglesia Católica en materia económica, respondiendo a una pregunta sobre Arizmendiarrieta recientemente decía: «El mensaje de una economía centrada en la persona y basada en la cooperación y en la dignidad de todos dentro de una empresa es más importante hoy que nunca. Es algo que necesitamos para responder a los desafíos que tenemos delante. La figura de Arizmendiarrieta es fundamental como ejemplo de una economía que puede tomar otro rumbo». Señalaba así que la inspiración de don José María puede ser muy adecuada no solo para la empresa, sino para la economía en su conjunto, y no solo para el País Vasco, sino para todo el mundo. No puede reducirse, por tanto, al perímetro de las cooperativas creadas bajo su inspiración («hegoak ebaki banizkio neuria izango zen...»), sino que debe influir también en las empresas convencionales para acercarlas a modelos humanistas aplicables por todas. Ciertamente, en este contexto, el objetivo de «cooperativizar Euskadi» puede ser una utopía, pero no lo sería avanzar hacia «humanizar la empresa para humanizar la sociedad», que sería la actualización del objetivo del sacerdote vizcaíno, así como del sueño para Euskadi que expresaba el veterano cooperativista en los años 70. Objetivo de humanización en el que, obviamente, se incluirían de pleno derecho la fórmula cooperativa y otras fórmulas de la economía social. Promoviendo empresas que se caractericen por conciliar de forma sinérgica la competitividad empresarial y el desarrollo humano, de forma que ambos polos avancen de forma armónica sin que el desarrollo de uno de ellos se haga en detrimento del otro. O, trascendiendo dicho ámbito empresarial, como también Retegui propone, estimulando la cooperación entre las realidades cooperativas actuales y los movimientos sociales y empresariales inspirados en la centralidad de la persona para alcanzar una Euskal Herria económicamente eficiente y socialmente avanzada. El objetivo de «cooperativizar Euskadi» puede ser una utopía, pero no lo sería avanzar hacia «humanizar la empresa para humanizar la sociedad»