SEP. 15 2026 KOLABORAZIOA Y comienza un nuevo curso Fátima ANDREO VÁZQUEZ Profesora de Secundaria {{^data.noClicksRemaining}} To read this article sign up for free or subscribe Already registered or subscribed? Sign in SIGN UP TO READ {{/data.noClicksRemaining}} {{#data.noClicksRemaining}} You have run out of clicks Subscribe {{/data.noClicksRemaining}} Comenzamos un nuevo curso y el profesorado se vuelve a enfrentar a situaciones indeseadas. Desde el Departamento de Educación nos llevan imponiendo el uso de herramientas que, no sabemos según quién, son las que más necesitamos. Desde luego a nosotras no nos preguntan nunca. Ya llevamos años en que nos obligan a usar Google y sus herramientas frente a aplicaciones de software libre y que ya llevaban años utilizándose como la plataforma educativa Moodle. No sabemos cuánto se paga en licencias y tampoco qué uso hace esta compañía, en la era de la IA, con la información que subimos, más allá de los datos personales que, según nos dicen, sí que se protegen. Pero no solo nos han llevado hacia el uso de estos productos de software, sino que los chromebooks que se entregan al alumnado y profesorado son ordenadores especiales que funcionan con el sistema operativo de ChromeOS de Google y solo para ese entorno, en lugar de uno de software libre. Nos gusten o no. Sin preguntar. Sin contarnos cuánto ha costado la migración a este sistema en todo el territorio foral. Y ahora tenemos que enfrentarnos, en medio del principio de curso, a las pantallas interactivas (que tampoco pedimos) con nuevos ordenadores incrustados y pantallas y teclados nuevos. Inversión tras inversión, el caso es que tenemos que empezar el curso con un nuevo hardware que cada día nos da un nuevo problema, que nuestros sufridos responsables de informática del centro intentan solucionar sobre la marcha. A la vez, desde el mismo Departamento nos dicen que las ratios de alumnado bajan, pero sin contar al alumnado repetidor. Es decir, que este alumnado es invisible para el cálculo de las ratios, de manera que estas se quedan como estaban. Y en bachiller, donde ya se admiten 33 alumnas y alumnos por aula, resulta que está permitido aumentar este número, ya bastante alto, en otros tres más, hasta los 36. Así que hay profes que multiplican esos 36 alumnos por el número de aulas de bachiller que tengan. Y cuando se le pide al Departamento una nueva clase para disminuir estas ratios no se autoriza. Por no hablar de las PT (expertas en Pedagogía Terapéutica), tan necesarias para determinado alumnado que requiere un apoyo especial, pero cuyas horas también se racanean. Sin embargo, para este curso se van a gastar 17 millones más de lo previsto en la concertada porque ahí sí se pueden reducir las ratios y se permite que cinco alumnos estén solos en una clase, con el coste que eso supone, cuando tienen un aula pública en su misma localidad. De manera que nos vuelven locas con nuevas tecnologías que no hemos pedido (¡yo solo necesito un proyector para mis clases!), pero no nos disminuyen las ratios ni nos proporcionan todos los apoyos que necesitamos para el aula. Así que, desde aquí, ánimo a las y los colegas que han vuelto a las aulas. No nos queda otra.