GARA Euskal Herriko egunkaria
KOLABORAZIOA

Sí, ha perdido Vucic, ¿y?


Pocas derrotas electorales han despertado tanta satisfacción como la de Aleksandar Vucic en Serbia. Desde la izquierda anticapitalista hasta sectores conservadores y liberales europeos, las felicitaciones a la lista estudiantil Studenti pobeđuju se han sucedido. Esa unanimidad invita a reflexionar: ¿qué proyecto político ha ganado realmente?

La candidatura reúne apoyos que van desde organizaciones comunistas hasta la derecha monárquica y nacionalista. No es una coalición cohesionada, sino una candidatura unida por el objetivo de desalojar a Vucic. Las diferentes fuerzas políticas que la apoyan ya calculan cómo influir en la orientación política del futuro Gobierno de Serbia. Su programa de once puntos, centrado en reivindicaciones sociales, lucha contra la corrupción y regeneración institucional, evita las contradicciones entre sus partidarios. Tampoco despeja las incógnitas internacionales. Propone un referéndum sobre la adhesión a la UE, rechaza sancionar a Rusia y mantiene ambigüedades sobre Kosovo. Esa indefinición permite que cada sector proyecte sus expectativas sobre la candidatura. Pero gobernar obligará a tomar decisiones que ya no podrán aplazarse.

Uno de los aspectos más interesantes del movimiento ha sido su organización mediante plenums, asambleas universitarias que participaron en la elaboración y ratificación de una lista de 250 candidatos. Participaron 85 asambleas: una singular experiencia de democracia directa. Además, ninguno de los candidatos era estudiante: se pretendía evitar la promoción política personal.

Sin embargo, el resultado plantea interrogantes. La lista incorporó a figuras de gran notoriedad, como el antiguo gobernador del Banco Nacional de Serbia Dejan Soskic, el sociólogo Jovo Bakic, el músico Feđa Dimovic o Dejan Bodiroga, exbaloncestista y actual presidente de Euroleague Basketball. Bodiroga no es solo un ídolo deportivo: dirige una organización con importantes intereses económicos e institucionales.

¿Pesó más el compromiso con las reivindicaciones estudiantiles, el prestigio social o la capacidad de interlocución de esas personalidades? Este modelo de democracia directa puede garantizar la participación en una decisión, pero no determina su contenido político ni asegura que los representantes sigan respondiendo ante las asambleas una vez elegidos.  

La corrupción fue el gran aglutinante de la protesta. El derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad, que causó 16 muertes, convirtió las denuncias de falta de transparencia y las exigencias de responsabilidades en una movilización masiva contra el sistema de poder del Partido Progresista Serbio. La lista estudiantil pudo presentarse como una alternativa sin el desgaste de los partidos tradicionales.

Pero no haber participado en la corrupción no equivale a disponer de un proyecto para desmantelar las estructuras que la hicieron posible. Las relaciones entre poder político y empresas, las privatizaciones y la falta de control democrático no desaparecen con un cambio de gobierno.

La derrota de Vucic cierra una etapa, pero no responde a la pregunta decisiva: ¿qué modelo económico, social e internacional pretende construir esta candidatura? Su método asambleario merece atención; su capacidad de movilización, también. Pero ni la democracia directa garantiza por sí sola una política transformadora ni el rechazo compartido a un gobernante constituye un proyecto de país.

Derrotar a Vucic era el objetivo común. Lo que queda por demostrar es que exista un proyecto igualmente compartido para gobernar Serbia.